Jueves, 11 Marzo 2010

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Nuestra música en el cerebro / Gara Mora

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Libro_Tu_cerebro_y_la_msica

Desde la librería Aquí la Ciencia os queremos recomendar el libro “Tu cerebro y la música”, escrito por Daniel Levitin. El autor dirige el Laboratorio de Percepción Musical, Cognición y Habilidad en la Universidad McGill de Montreal. Tal y como él mismo relata en su obra, antes de ser neurólogo fue un conocido productor de discos (previo paso por una banda de rock moderadamente conocida en San Francisco). Durante esta etapa Levitin comenzó a preguntarse por qué la música parece tan fácil para algunas personas y para otras no y de dónde procede la creatividad.

Estas inquietudes le llevaron a estudiar y realizar un doctorado en neuropsicología. En “Tu cerebro y la música” Daniel Levitin pretende hacer accesible el trabajo y la jerga de los científicos y especialistas en el campo de la música: disminuir el abismo creado entre los que aman la música y aquellos que se dedican a descubrir en profundidad cómo opera en nuestro cerebro.

La música es excepcional entre todas las actividades humanas, no ha habido ninguna cultura humana conocida, ni ahora ni en cualquier época del pasado -del que tengamos noticia- sin música. Levitin introduce en su obra los componentes básicos fundamentales que la componen, como el tono, el ritmo, el timbre o la intensidad, aportando descripciones inteligibles acompañadas de ejemplos cercanos y reconocibles por casi todos.

La combinación de sus amplios conocimientos musicales y su formación en neurociencia permiten que Levitin plantee en este libro cómo nuestro cerebro interacciona con la música que escuchamos, desde el modo en que el oído convierte una vibración en un sonido y lo transmite al cerebro hasta cómo este almacena la información de los diferentes componentes básicos para permitirnos reconocer canciones ya escuchadas o predecir el desenlace de nuevas piezas.

Además, Tu cerebro y la música profundiza en el mecanismo que permite que determinadas secuencias de sonidos tengan un profundo impacto en nuestras emociones, estableciendo las relaciones existentes entre la música como ciencia y la música como experiencia humana.

Por Gara Mora

Lo que la ciencia le debe a la telepatía / Pablo Francescutti

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La telepatía –entendida como la transferencia de pensamientos entre individuos sin hacer uso de los cinco sentidos- yace hoy en el mayor descrédito. Juzgados en retrospectiva, aquellos ensayos en “comunicación telepática” realizados en el interior de submarinos se nos figuran un componente particularmente bizarro del folklore de la Guerra Fría, tan obsesionado con el  “control de las mentes” invocado por la paranoia macartista. Un siglo de afirmaciones infundadas le ha valido a la telepatía la merecida etiqueta de “pseudociencia”. Sin embargo, la ciencia actual tiene una importante deuda con ella; una deuda en el terreno más inesperado: el del rigor metodológico.
Esta afirmación tiene detrás una curiosa historia, una historia que se entrevera con el origen de una de las más importantes herramientas del arsenal de las ciencias experimentales: los experimentos aleatorios (más conocidos por el anglicismo “randomizados”). Numerosos estudios en medicina  y psicología se apoyan en esta metodología, en virtud de la cual los integrantes de la muestra a estudiar son asignados de forma aleatoria. Mediante el concurso del azar, se pretende minimizar sesgos posibles que distorsionen el diseño de un experimento. Su aplicación más conocida la tenemos en el ensayo clínico randomizado, en donde los pacientes son distribuidos en grupos de manera aleatoria, con el propósito de evitar cualquier diferencia sistemática que exista entre y dentro de los grupos al inicio del experimento.
Lo que pocos saben es que esta regla de oro surgió en el ámbito más improbable para el refinamiento de los métodos científicos: en lo que en el siglo XIX se denominó “investigación psíquica”. De hecho, fue el primer campo de pesquisas en el que se aplicó. Este tenía por objeto el estudio con el máximo rigor de los fenómenos paranormales que rodeaban al espiritismo. Sospechaban los escépticos que la “comunicación con los muertos”  de la que alardeaban los médiums, podía esconder una suerte de intuición mental, un clarividencia que le permitía a éstos conocer datos íntimos de sus clientes para confeccionar los supuestos mensajes del Más Allá; una facultad en cualquier caso portentosa y merecedora de un escrutinio concienzudo.
Así las cosas, en las últimas décadas del siglo XIX, la posibilidad de “comunicación mental” atrajo a un ramillete de personalidades del mundo intelectual anglosajón, interesadas en someter la hipótesis psíquica a la más rigurosa verificación. Y así fue cómo la telepatía -término acuñado en 1882 por el británico Frederick Myers  - convocó los afanes del reputado Francis Galton, el filósofo William James, el lógico Charles Sanders Peirce y el físico Lord Raleigh, entre otras eminencias.
En estas pesquisas el ensayo típico consistía en la adivinación de naipes. Un especialista en la emergente disciplina estadística, F. Y. Edgeworth, ayudó a diseñar experimentos que permitieron reducir al máximo los resultados imputables a la pura causalidad. Siguiendo esta pauta, el psicólogo de la Universidad de Standford John Edgar Coover utilizó dados  para determinar cuándo se debía permitir a un presunto “telépata” observar un naipe aleatoriamente escogido, antes de indicar a otro “telépata” que intentara identificar “mentalmente” la identidad de la carta elegida por el primero.
Los tests no arrojaron nada concluyente acerca de la existencia de tales poderes mentales, pero sirvieron para introducir de forma metódica la intervención del azar en distintas fases de la ejecución de experimentos, nos explica el filósofo Ian Hacking, autor de un apasionante libro, La domesticación del azar, dedicado a la adaptación del pensamiento científico al mundo probabilístico. Finalmente, en 1925 el estadístico Ronald Fisher hizo la primera recomendación explícita para hacer de la aleatoriedad física parte integral de un estudio, tras exponer las razones subyacentes a la misma que justificaban su empleo. Luego, en los años 30 y 40 del siglo XX, la randomización se abrió paso en la medicina clínica con la finalidad de eliminar la responsabilidad personal del investigador y cualquier sesgo en su selección de los pacientes. ¿Curioso, verdad? Bien mirado, no resulta tan raro. A fin de cuentas, en más de una ocasión la ciencia ha evolucionado a caballo de nociones confusas o erróneas. Recordemos el fantasmagórico “éter cósmico” en el cual la astronomía se apoyó durante largo tiempo; o los místicos saberes alquímicos, que pavimentaron el camino a la química…. En el caso que acabamos de examinar, el laborioso proceso de ensayo y error nos demuestra una vez más, y de modo harto elocuente, que de hasta lo que parece una vía muerta se puede avanzar a un conocimiento más firme y contrastado.

Pablo Francescutti

Un paseo por Groenlandia / Ignacio de Miguel

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Aprovecho este canal para comunicar mi alegría por que instituciones relacionadas con la Ciencia aprovechen al máximo las posibilidades de internet, como en este caso las redes sociales, para estar en comuniación con el mundo.

Así nos encontramos que la AECC está activamente en Linkedin, Facebook y Twitter. Este último canal de comunicación, si bien menos conocido y menos masificado que las redes sociales generalistas significa mucho en la capacidad de llegar a nuestro público objetivo con una calidad excepcional e invito a todos los socios a que lo prueben porque es realmente útil.

En Twitter encontramos también a instituciones como el CONAMA (Congreso de Medio Ambiente) y al ICOG (Colegio Oficial de Geólogos).

Este último publica una revista muy interesante desde el punto de vista científico y divulgativo , Tierra y Tecnología, que además podemos descargar en pdf gratuitamente.

Dentro del último número quiero hacer mención a un artículo de divulgación científica, cultural y geológica sobre Groenlandia.  Os recomiendo su lectura como reportaje de un viaje con una perspectiva geológica para aprender un poco más sobre nuestra Tierra.

Para el que no lo sepa, Groenlandia viene de "Greenland" o "tierra verde". Así era cuando fue descubierta, pero al poco el clima de este mundo cambió bruscamente y se cubrió de blanco. Ahora que las amenazas climáticas nos llevan a pensar que podría volver a ser verde, no está de más conocer su situación real y aprender un poco más sobre ella.

Os dejo aquí el enlace al pdf de la revista.

TIERRA SE ESCRIBE CON “E”

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INTRODUCCIÓN.-

Aunque prefiero la lengua española a la inglesa, he de reconocer que Tierra empieza con E y no con T, la verdad es que no sólo empieza, sino que también termina con la misma letra.

No digo esto porque piense que el idioma inglés (Earth) sea más importante que el español, sino porque desgraciadamente el futuro de la vida que conocemos hoy día sobre la faz de la Tierra, y la Tierra misma, depende de una gran E que es la Energía.     

Sólo debemos comparar las gráficas de los países donde la esperanza de vida es más alta y vemos como coincide con la gráfica de los países donde el consumo energético y de recursos (obtenidos a veces en otros países a través del uso de su energía) es mayor. En definitiva, la energía es vida, la vida es energía y por tanto de ella depende el futuro de la Tierra.

Ahora se han puesto de moda las Energías Verdes, Renovables, No Contaminantes…, y yo pregunto, ¿realmente existe alguna energía verde, renovable o no contaminante?. Mi opinión es que no, que será más o menos contaminante, más o menos cara, pero al fin y al cabo, la única energía realmente no contaminante es la que no se usa.

 

 

ECOLOGÍA-ECONOMÍA (Otras dos E).-

Difícil binomio, porque resulta que ahora mismo las energías “ecológicas” no son “económicas” y a la inversa. ¿Puede ser ecológica una energía económica y podemos conseguir rentabilizar energías ecológicas?.

Producir energía de las llamadas limpias de forma antieconómica puede ser también no ecológico porque obliga a desviar recursos, que no sobran, de otros lugares donde quizás dieran un rendimiento ecológico mayor; pero está claro que hay que seguir investigando estas nuevas tecnologías de forma que el binomio algún día cuadre y haga posible el sueño del investigador que trabajó en él largos años.

 

EFICACIA-EFICIENCIA (seguimos sumando E).-

Hemos demostrado ser enormemente eficaces pero muy poco eficientes, y de momento es la única energía milagrosa en nuestras manos, ser eficaces y usar de forma correcta y decente la energía disponible, ya sea verde, nuclear, fósil o de donde venga. La eficiencia, el ahorro y el uso responsable son actualmente nuestras mejores herramientas y las que más debemos fomentar.

 

ESPERANZA (La última E).-

Como todas las soluciones a los problemas sociales, y este es el más grave de todos porque incluso la mayoría de las guerras se han ocasionado por controlar fuentes de energía o de materias primas, la solución que se encuentre no satisfará a todos, pero posiblemente haga que la humanidad siga perviviendo sobre la faz de la Tierra hasta que el Sol nos devore en un último arrebato. Problema para el cual también se le buscará solución si vivimos para entonces. Saludos.

 

Agora, Amenábar y la ciencia / Karim Gherab Martín

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Hipatia He visto recientemente Agora, una película de alto presupuesto con la que Alejandro Amenábar pretendía conquistar el mercado norteamericano. Al parecer, las previsiones del cineasta no se han cumplido: la película está pasando sin pena ni gloria por los EEUU.

El relato retoma la figura histórica de Hipatia, una filósofa natural griega (a la que hoy en día llamaríamos científica) del siglo IV d.C. con el fin de llamar la atención sobre las tropelías cristianas en Alejandría, lugar en el que, bajo la protección de uno de los generales-herederos de Alejandro, se asentó una de las escuelas teológicas más importantes del primer cristianismo. Y puesto que en Alejandría fue donde se erigieron la famosa Biblioteca y el Museion (o Templo de las Musas), edificios que simbolizan la búsqueda del conocimiento, Amenábar utiliza el escenario griego-egipcio para crear la atmosfera adecuada de confrontación entre la ciencia y la religión. Recuérdese que en Alejandría estuvieron, en distintos momentos, filósofos naturales griegos de renombre, tales como Aristarco, Hiparco, Ptolomeo, Diofanto, Eratóstenes y Filón de Alejandría, y teólogos decisivos en la formulación del Credo de Nicea, tales como San Clemente y San Cirilo (el malo de la película).

Dejando de lado los errores y anacronismos históricos en relación a la política y la religión, me centraré en algunos de los anacronismos científicos en los que incurre Amenábar. El asesor científico del cineasta chileno-español, el historiador de la ciencia de la UAM Javier Ordóñez, me confesaba que tras leer el guión, advirtió a Amenábar acerca de tales errores extemporáneos. No obstante, el cineasta decidió proseguir con las escenas de marras tomando (no siempre) las debidas precauciones. Un repaso detallado sería demasiado largo, por lo que me centraré en dos escenas concretas:

1. En un momento de la película, Hipatia lleva a cabo un experimento similar al de Galileo y la torre de Pisa: deja caer un objeto desde lo alto del mástil de un velero con el fin de comprobar la posibilidad del movimiento terrestre. Aquí caben tres consideraciones. En primer lugar, aunque versada en astronomía y en geometría (figuras cónicas), no hay evidencia documental de que Hipatia tuviera en mente un modelo heliocéntrico. En segundo lugar, Amenábar atribuye a Hipatia la intuición de la ley de la inercia (en su caso, creo recordar, una ley de inercia circular) trece siglos antes de que Descartes, Galileo y otros establecieran, con mucho esfuerzo intelectual algo similar. Y en tercer lugar, Hipatia era una neoplatónica, lo que hace muy improbable (por no decir imposible) su recurso al método experimental como herramienta de conocimiento. La física experimental se inventó mucho más tarde de la mano de F. Bacon y Galileo.

2. En otra escena, aparece Hipatia junto a su esclavo dibujando figuras cónicas en la arena. Tras algunos ensayos infructuosos, la matemática griega experta en figuras cónicas acaba por descubrir el modelo geométrico que rige nuestro sistema planetario, adelantándose esta vez a Johannes Kepler: concluye que la trayectoria de la Tierra ha de ser una elipse, con el Sol en uno de sus focos. La proeza de Hipatia es aún más notable en cuanto que no dispone de los resultados de las magníficas observaciones de Tycho Brahe, que fueron claves en el descubrimiento kepleriano. Amenábar parece ser más precavido en esta escena, puesto que, tal vez recordando la advertencia de su asesor (Javier Ordóñez), se cuida muy mucho de que Hipatia no tenga tiempo material para documentar e informar a nadie de su descubrimiento. Desde el momento en que Amenábar se toma esta licencia histórica, habilmente acelera los acontecimientos de la película, dejando la sensación de que Hipatia se lleva con ella a la tumba el secreto astronómico.

La escena final de la película comienza mostrando los edificios religiosos en primer plano, y poco a poco la cámara se va alejando mostrando la pequeñez de los símbolos religiosos ante la inmensidad de los planetas, una alegoría perfecta, a ojos de Amenábar, para mostrar la superioridad de la ciencia (intemporal, objetiva, universal) sobre la religión (humana, temporal, subjetiva, local). En definitiva, Amenábar pretende transmitir con este recurso cinematográfico que los movimientos religiosos no duran más que un lapso de tiempo en relación al movimiento eterno de los astros.

Mientras la cámara se va alejando de la Tierra, haciendo con ello casi invisibles las catedrales cristianas que se van construyendo en Alejandría, aparecen unos textos en primer plano indicando los descubrimientos keplerianos siglos más tarde. Naturalmente, el espectador ignoto de la historia astronómica se va con la sensación de que Hipatia descubrió antes que Kepler el movimiento elíptico de los planetas.

En mi opinión, de las dos licencias históricas que se permite Amenábar, es más grave la primera, la escena de la Hipatia experimentadora. El descubrimiento de Kepler, aunque basado en la observación, es algo que puede considerarse más circunstancial, más contigente. Si no lo hubiera descubierto Kepler, quizás lo hubiera descubierto cualquier otro científico poco después. La experimentación, sin embargo, es algo que cambió de raíz el rumbo de los hombres en la Tierra. El nacimiento de la ciencia moderna (y de las civilizaciones modernas) se produce como consecuencia de dos sucesos de capital importancia: el nacimiento de las sociedades científicas (es decir, pasar de una ciencia "privada" a una ciencia "pública" evitando así que científicos como Hipatia mueran llevándose consugio sus descubrimientos) y la emergencia del método experimental.

En todo caso, se agradece que el cine recuerde a una figura notable como la de Hipatia. Y apesar de los anacronismos históricos, y dejando a un lado la polémica religiosa en la que se embarca Amenábar, es de agradecer que este cineasta haya tomado la ciencia como hilo conductor de su película. Seguro que, tras ver la película, hay más gente que conoce a Hipatia, Kepler... y que la Tierra describe una elipse alrededor del Sol, estando ésta en uno de sus focos.

El Banco Nacional de Algas

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Algas

El BNA es un Servicio altamente especializado de apoyo a la comunidad científica, tecnológica, universitaria, empresarial y a las Administraciones. Está ubicado en el Centro de Biotecnología Marina (CBM) de la ULPGC, localizado en el Campus de Taliarte (Telde)

El trabajo del BNA-CBM consiste, principalmente, en el descubrimiento, identificación, conservación y caracterización de microalgas, tanto marinas como dulceacuícolas.

El BNA-CBM está aceptado desde el año 2003 en la WFCC (World Federation of Culture Collections, y registrado en el Centro Mundial de Datos para Microorganismos (WFCC-MIRCEN World Data Center for Microorganisms). Desde el año 2005 esta acreditado como Autoridad Internacional de Depósito por la WIPO (Organización Mundial de la Propiedad Industrial) a los fines del procedimiento en materia de patentes (según el Tratado de Budapest, BOE núm. 88, 1981) y, por tanto, reconocido por la Oficina Europea de Patentes y Marcas. Es el único Banco de Algas acreditado en España, el segundo de la UE y el sexto del mundo.

El BNA-CBM se constituye por la voluntad, visión y perseverancia de un pequeño grupo de universitarios que inicia su andadura en el año 1988, en el entonces denominado Instituto de Algologia Aplicada (actual CBM) de la ULPGC. La colaboración del Dr. Ziyadin Ramazanov (científico de la ex-URSS) fue determinante en los inicios de la creación del BNA. Veinte años más tarde, tras dos décadas de ser ignorado por sucesivas administraciones, el BNA-CBM se integra en el Parque Científico-Tecnológico de la ULPGC. El mismo año, 2008, en el que recibe los fondos genómicos de la Fundación BIOAGRAMAR.

A mediados del 2009, la ministra de Ciencia e Innovación anuncia la consolidación del BNA-CBM, mediante una significativa dotación económica (2,6 M€) destinada al Parque Científico-Tecnológico de la ULGC, y anuncia que “El BNA-CBM funcionará como un servicio nacional de estudio y promoción de bioindustrias basadas en microalgas, creará y mantendrá una colección propia, aprovechando las expediciones de barcos oceanográficos españoles, y proporcionará muestras a laboratorios y empresas que lo demanden, para su estudio y eventual aplicación tecnológica”.

Además de los objetivos científicos de todo banco de conservación de biodiversidad, los objetivos tecnológicos persiguen demostrar que con sol y agua de mar se puede cultivar algo más que turistas.

Visto el agotamiento de los recursos productivos y especulativos convencionales, tanto a escala regional como global, el futuro de la algología aplicada se perfila como una de las estrategias más valoradas por los países desarrollados, y los emergentes, para construir un nuevo ecosistema industrial. En todos los países dinámicos y emergentes la consolidación de sus históricos bancos de algas constituye la piedra angular de los programas de desarrollo sostenible, biorefinerías, biocombustibles y bioindustrias.

Las perspectivas de futuro del BNA-CBM de la ULPGC son las de convertirse en una herramienta de creación de riqueza sostenible, de bioempresas, de conocimiento científico, de formación tecnológica y, sobre todo, de reconciliación con la Naturaleza. Desde Canarias.

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