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El pulpo Paul o cómo engañar al personal, olvidarse de la ciencia y eclipsar el deporte

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La década de los 90 para mí fue una década "prodigiosa" de la televisión española. En la Comunidad Valenciana, donde resido, su televisión pública, Canal 9, cosechaba grandes éxitos de ese término anglosajón, al que al final nos acostumbramos a la fuerza, denominado "share". Era una época en la que la "nueva" televisión se abría paso y la producción propia de programas daba paso a la generación de productos originales e incluso creativos. Nada que ver con la telebasura de hoy, aunque la de entonces, primigenia, también lo era.

Personajes muy populares de aquella época  que recuerde más por infames que por divertidos fueron la bruja Lola Pitonisa, Octavio Aceves o el escatológico Rappel (y sus bañadores). Pero servidor pensaba que aquello era agua pasada.

Ahora, el futuro de la adivinación nada tiene que ver con las técnicas de antaño. Atrás quedaron en el escaparate televisivo los tarotistas con sus terroríficas cartas, las runas, las tabas e incluso la lectura del futura gracias a los posos del café.

Las nuevas tecnologías en 2010, en lo referente a la futurología tienen nombre de persona y cuerpo de octópodo. El nuevo método para predecir los acontecimientos por venir se llama Paul y viste piel de pulpo.

 

El personaje del verano

Ciertamente, no lo podemos negar, el pulpo Paul ha sido la estrellas del Mundial de la Televisión, quiero decir, del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. El chamanismo africano ha quedado en un juego de niños gracias al ingenio del responsable de turno encargado del marketing del acuario Sea Life de Oberhausen (Alemania). Y es que, un octopus vulgaris jamás fue tan famoso como Paul, restando protagonismo incluso a las insufribles vuvuzelas o, lo que es peor aún, al propio deporte en sí.

Pie de foto: Nunca antes un cefalópodo había sido tan famoso como Paul. Ver para creer.

No voy a entrar a valorar hasta que punto un acuario, cuyo destino es preservar el medio marino y divulgar su ciencia, debió entrar en este enmarañado campo de juego de la adivinación y la futurología. No me corresponde juzgar si el fin (la publicidad) justifica los medios (el engaño) pero sí creo conveniente, para esta entrada de última entrada de julio del Blog de la AECC, desmontar una farsa que, a pesar de ser muy obvia y tan saltona como los ojos de Paul quizá alguien no haya reparado a analizarla convenientemente. Ustedes juzgarán el buen o mal proceder del acuario germano.

 

El éxito adivinatorio de Paul

Por cuestiones de oportunidad, no he tenido la ocasión de conversar con ningún zoólogo especializado en el medio marino o, más concretamente, en los cefalópodos. Pero sí puede charlas, amigablemente, una mañana de estas con mi pescatero (si la RAE me acepta el término, seguro que sí) de cabecera. Me decía el tendero que los pulpos son los únicos invertebrados inteligentes (lo que saben los hombres de mar) y que entre sus habilidades precisamente no se encuentra la de predecir el futuro, y ni mucho menos, saben de fútbol, de naciones o de selecciones deportivas. Ni tan siquiera distinguen los colores aunque sí los brillos.

Lo que sí que poseen estos simpáticos animales son una gran cantidad de receptores repartidos por todo el cuerpo que ya quisiera Ferrari para monitorizar el estado de sus bólidos de Fórmula Uno. Estos receptores, de carácter químico, sirven al animal para orientar el desplazamiento de toda esa masa muscular en forma  de tentáculos, evitar obstáculos, posibles depredadores e incluso lo que debe o no debe comer. A nadie le agradan los mejillones en mal estado...

El pescatero, como buen higienista que es a su vez, me explicaba que el "bicho" es capaz de decantarse entre un mejillón u otro empleando tan sólo como único criterio de elección el hecho de que, por ejemplo, uno de los candidatos a ser el almuerzo del día haya sido manipulado con un guante impregnado con unas pocas gotas de lejía o no. Obviamente decantándose por el mejillón más limpio y, por tanto, más saludable para su estómago. Así que, de adivino, nada de nada.

Pie de foto: La emisora de Tv Cuatro fue una de las que se hizo eco del evento.

El CSIC opina

Otra explicación, esta vez de manos de un investigador del CSIC, afina un poco más. Según Ángel Guerra, del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo, hay una explicación mucho más sencilla. Paul siempre iba hacia la bandera española durante las consultas de sus "clientes" ocasionales. Dice Guerra que algunas banderas son más visibles que otra para Paul. Algunos colores son más llamativos para él, y en su visión son más altamente detectables. Determinar que Paul adivina el futuro es impensable... Al menos por lo que conocemos". y es que, la bandera española, la roja y gualda, habría sido mucho más reconocible a los ojos de Paul que la holandesa, de tres franjas azul, blanca y roja, menos llamativas.

Y, ni qué decir tiene, que tal y como se ha dicho fuera Paul el mismo pulpo que en 2008 predijo el resultado de 6 de los 8 partidos de la selección alemana, exceptuándose la final, que ganó España. Precisamente pues la media de edad de estos simpáticos animales no supera los 3 años y, para esas fechas, nuestro querido Paul tan sólo contaba con unos pocos centímetros y mucho menos gramos de peso de los que tiene ahora.

 

Y hasta una Cuestión de Estado

No voy a decir mucho más de este asunto que ya rechifla, pero para el recuerdo quedará en mi memoria las declaraciones de nuestro presidente Zapatero en viaje oficial a Colombia tras la final mundialista, donde ni corto ni perezoso dijo, menos mal que entre bromas, que de inmediato enviaría " especial protección" al pulpo Paul a Alemania para que le proteja de los rabiosos holandeses, justos perdedores todo sea dicho de la finalísima cita mundialista.

 

Pie de foto: La locura por el deporte no entiende de raza, sexo o condición social.

Por Manuel Rodríguez de Viguri

www.orion.ciudaddelasestrellas.org

 

Referencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/Pulpo_Paul (ALUCINANTE)

http://www.elmundo.es/mundial/2010/2010/07/09/espana/1278666272.html

http://blogs.lavozdegalicia.es/vamosalargar/2010/07/12/el-pulpo-paul-¿por-que-la-gente-cree-en-cosas-raras/

http://videos.lainformacion.com/espana/el-pulpo-paul-protagonista-del-encuentro-entre-zapatero-y-santos_RU7aImX6BGpASx1vFowK56/

 

El idioma de la tecnología

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Hoy seré breve porque llego un poco tarde a mi post mensual en este blog de la Asociación. Quería invitaros a pensar en el idioma con el que se accede a la tecnología. Pensamos que internet es universal, que tenemos acceso a todo tipo de información, y es cierto, pero nuestro campo de acción se ve limitado por la barrera del idioma.

La realidad es que si no entiendes el idioma inglés tienes menos información y menos herramientas, aplicaciones o como las queramos llamar, disponibles para escoger y utilizar. El idioma en internet es tan importante o más de lo que siempre se ha dicho sobre la necesidad de "hablar idiomas".

Si nos entendemos en inglés multiplicaremos, a veces exponencialmente, los recursos disponibles y la diversidad de aplicaciones online listas para usar. En el caso de la Ciencia esto es mucho más evidente, ya que de hecho siempre se ha dicho que el idioma para la Ciencia es el inglés.

A pesar de esto, y de que cada vez más los españoles hablamos más y mejor otros idiomas, y en particular el inglés, espero que podamos contribuir a que la barrera idiomática no sea una barrera tecnológica, y que podamos acceder a la tecnología que nos hace avanzar sin estas limitaciones.

Siempre nos quedará la Eternidad

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Parte de lo que somos, lo sabemos por la Ciencia; la otra parte, quedará oculta en el laberinto de la Eternidad. Olvidé la Sabiduría. La Ciencia nos ayuda a descubrir el mundo que nos rodea: la física, y a progresar en desarrollos tecnológicos, pero ¿y lo demás?: el humanismo, la tolerancia, la solidaridad, la falta de codicia, la superación de los prejuicios, de los nacionalismos neofascistas -como los que padecemos en España y en otras partes del mundo-, y las desigualdades de sexo.. De todo esto hablaba el otro día Sampedro en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

A pesar de la Ciencia y de los enorme avances logrados en los últimos 500 años, nuestra sociedad sigue inmersa en la barbarie. La Ciencia no nos ha ayudado a distanciarnos mucho del resto del reino animal. Aunque lo hemos tenido todo a nuestro favor, nuestra Ciencia y escasa sabiduría, es decir, el modo de vida del mundo actual, nos ha llevado a una situación en la que los valores han desaparecido de nuestro horizonte intelectual (justicia, paz, respeto hacia el medio, solidaridad, generosidad...). Todo esto, como decía Sampedro está siendo arrollado y rebasado “por los intereses económicos y materiales”. Somos una sociedad opulenta, y de una ambición sin límites en la que nada importan los demás, sino tan solo uno mismo. Nadie quiere ser mejor, le basta con ver y apartar la vista con mayor o menor compungimiento de la miseria, la muerte y la sordidez en la que viven la mayoría de nuestros semejantes. Ésto, de ahí mi error inicial, no lo resuelve la Cencia, sino la Sabiduría y, sí, después, la Eternidad.

 

En el fondo... todos nos llamamos Boule

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Yo, que me considero un perfecto ignorante en los asuntos de la Ciencia. Esto tiene su explicación. Y es que yo no vivo de la Ciencia, digamos que no me dedico a ella: de hecho no me gusta nada la Ciencia. Cuando me reúno con la gente de ciencia me pasa lo mismo que cuando, hace ya muchos años, iba a los conciertos del Real: veía las mismas cara y a los mismo eruditos que su vida, toda su vida, exclusivamente, la dedicaban a discutir de claves, compases (4x4, 3x3; 2x2...). las tonalidades (Fa mayor, Sol mayor, La menor...), las masas orquestales, tal o cual director (Mazel, Britten, Berns, Celibidache), tal o cual concertista, intérprete vocal... Todos ellos muy sabios, muy críticos. Solo tenían un defecto, no desdeñable, el noventa y ocho por ciento no había tocado un instrumento musical en su vida. Eso sí, las revistas “especializadas” de música, libros y demás se las leían todos. Además había otra cosa en ellos que me exasperaba sobre manera. Todos compartían una misma estética en cuanto a su aspecto e indumentaria. Para que se me entienda, algo así como cuando vemos en la televisión alguna de esas chicas batasunas que llevan todas el flequillo cortado casi a raíz de la frente.
Con la ciencia me pasa algo similar, los hay que hablan, discuten, critican, afirman, aconsejan, opinan, esto es lo peor, sobre asuntos relacionados con la Ciencia de la que no saben mucho más que lo consultado en la Wikipedia y la lección de diez minutos que le ha impartido el investigador de turno. Con eso ¡ale! se lanzan al panorama divulgativo, en el mejor de los caso, o al informativo en el peor, para introducir más confusión de la que ya tenemos, que no es poca.
Es preferible ser un perfecto ignorante, un neófito, un inculto científico, entre los que afortunadamente me encuentro, y me siento, para de ese modo poder dedicarme a contar lo que otros me transmiten y no ir más allá en mis pretensiones, que no las tengo. Hoy más que nunca soy de la opinión de que para informar de ciencia, lo mejor en no estar especializado; buen sistema para no confundir a la gente y no crearles falsa expectativas, o decirles inexactitud, como se acostumbra hacer, a fin, también de no estropear una buena historia y un mejor titular.
Fíjense, si no de lo que acabo de enterarme hoy. Que hay un gen (secuencia lineal organizada de nucleótidos en la molécula de ADN, según la Wikipedia), al que los científicos le han puesto Boule de nombre. El investigador Eugene Xu, de la Northwestern University de Chicago (EE.UU.), dice que gracias a este gen, el esperma de todos los animales (o casi todos) incluido el peor de todos, el hombre, es común. Así pues el Boule y su organización nos pone a todos al mismo nivel. No me disgusta la idea, no ¡que va!, al contrario: Boule Juan Tena, ¿no queda mal verdad? Hay que ver lo que avanza la Ciencia, y yo sin saberlo.

Sueños Imposibles

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          Hace poco estuve en dos de las Islas Afortunadas y cada vez que me monto en un avión con mi esposa le cuento la misma historia que escucha con resignado cariño:

“Yo tenía dos compañeros de trabajo que se ponían nerviosísimos en el avión porque decían que sólo podían estar tranquilos los de letras o los de ciencias que fueran unos inconscientes”.

                Yo soy de ciencias y además uno de los equipos con el que trabajo es una turbina de gas, sucediéndome diversas anécdotas con ella, una me costó que el técnico de mantenimiento, con poca cuerda y poco sentido del humor, me dejara de hablar cuando sólo le pregunté, tras tres intentos de arranque fallidos y veinte minutos de parada, que si los pilotos en el aire también tenían tanto tiempo y posibilidades de arranque o llevaban una cajita con agua bendita y el Padre Nuestro para esos casos.

                Bromas aparte, cuando yo me subo en un avión recuerdo las estadísticas, la seguridad del transporte aéreo y, cómo soy de ciencias y sé que tengo más posibilidades de morir en un ascensor que en un avión, me relajo y disfruto.

                La verdad es que disfruto mucho y comprendo el afán que el hombre siempre tuvo por volar, por ver las cosas desde arriba. Me gusta ver el Atlas que estudié en el Colegio pero “de verdad”, identificar ríos y ciudades, maravillarme al volar sobre océanos de nubes (al fin y al cabo son de agua líquida y no vapor de agua)…

                Pienso en lo que hubieran disfrutado Leonardo, Verne, Eiffel (que casi alcanzó las nubes con su torre parisina), y me siento afortunado por pertenecer a una generación que le ha correspondido ver y disfrutar la explosión tecnológica que estamos realizando desde hace doscientos años.

                Pienso en todos esos sueños que un día pensamos eran imposibles y que hoy son cotidianos, y también pienso en todos esos sueños que aún nos quedan por realizar y que me gustaría ver realizados y si es posible, disfrutarlos.

                Me encantaría que me ayudarais y que como comentarios fuerais añadiendo sueños que os gustaría ver realizados un día, yo pongo el mío: Viajes interplanetarios, ver despegar una misión que nunca conoceremos, por tiempo, si llegan a su destino, como los antiguos navegantes que cruzaron el Atlántico, rodearon África o dieron la vuelta al mundo.

                Ánimo, me gustaría conseguir una buena relación y si escribo algún día un libro basado en el resultado de la encuesta, le regalo un libro a cada uno que participe, Palabra de Honor.

                Saludos.

Física para ciudadanos / Gara Mora

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Es habitual en el día a día, ya sea en el metro, en un bar, una reunión de amigos o una charla casual, comentar multitud de temas de actualidad que uno ha oído en la radio, leído en los periódicos o visto en la televisión. En general la gente de a pie se ha creado su opinión y tiende a defenderla con pasión, en ocasiones incluso de forma irreflexiva.

En estas discusiones -examen atento y particular de una materia entre dos o más personas- uno se pone de parte, o no, de la energía nuclear, renovable o fósil; debate acerca de la realidad y trascendencia del cambio climático o sobre cómo el terrorismo internacional hace uso de las nuevas tecnologías.

Sin embargo, los medios de comunicación viven de la inmediatez, y en general dan más importancia a la parte de la noticia que más directamente nos afecta, que al fondo de la misma. Esto se traduce en una transmisión superficial de la información en la mayoría de los casos. Vivimos en un época complicada, extremadamente técnica, y el ciudadano de a pie no tiene -en el día a día de los medios de comunicación- información suficiente como para saber, por ejemplo, que el coste de la energía de una simple pila para una pequeña radio es más de mil veces el de la energía de un litro de gasolina, o que la radiactividad peligrosa de una central nuclear que ha tenido un accidente desaparece en unos pocos segundos, minutos o días...

En este punto es donde interviene la divulgación científica, en este caso un gran libro, “Física para futuros presidentes”, escrito por el profesor estadounidense Richard A. Muller y editado en España por Antoni Bosch. En él se tratan cuestiones de física avanzada, todo lo que los líderes del mundo deberían conocer. Y los que no aspiramos a liderar el mundo, tenemos sin embargo que comprender verdaderamente -más allá de la información que recibamos de los medios- si conviene promover la energía nuclear, si existen alternativas viables al petróleo o si es probable que los terroristas desarrollen armas nucleares. Es fundamental comprender todos estos asuntos si uno quiere votar con inteligencia.

 

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