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SkeptiCamp, eventos abiertos de divulgación

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Como algunos sin duda ya sabréis el pasado fin de semana se celebró SkeptiCamp Madrid 2012, por primera vez en un país de habla no inglesa, el primero por tanto en castellano y en España, cuya organización tuve el honor y el privilegio de coordinar y dirigir.

SkeptiCamp Madrid 2012

Un SkeptiCamp es una conferencia informal sin ánimo de lucro, organizada por la comunidad y para la comunidad, con el objetivo claro de aprender y compartir en un entorno abierto. El modelo SkeptiCamp, que ya se ha utilizado para organizar 42 eventos, se basa en un conjunto de prácticas adaptadas del tremendamente exitoso modelo de conferencias BarCamp, que se inició en la comunidad tecnológica en 2005 y del que ya se han organizado varios cientos de BarCamps en más de 350 ciudades de todo el mundo.

Las claves del modelo son muy sencillas:

  • Se trata de eventos abiertos, es bienvenida la participación de cualquier persona con ganas de aprender y compartir.
  • Se compensa la posible falta de experiencia como organizadores a través de la colaboración, repartiendo el esfuerzo entre varias personas.
  • Se fomenta, aunque sin exigir, que cada participante pueda ofrecer al resto una actividad: charlas interactivas sobre un tema científico o de temática escéptica, talleres, etc.
  • Todas las actividades son interactivas de principio a fin. Si alguien necesita una aclaración o tiene alguna duda puede preguntar en cualquier momento de la charla, buscando un debate razonado situando las preguntas en el mejor contexto posible.

Dado el carácter escéptico del evento, además de promover y vigilar que todos los participantes argumenten correctamente sin recurrir a falsedades o falacias lógicas, tras estas características subyace una idea esencial: Siempre debes estar preparado para citar tus fuentes ante cualquier afirmación que pueda ser puesta en duda.

Además de los eventos de divulgación a los que estamos acostumbrados, en cualquier ciudad (grande o pequeña) encaja perfectamente la celebración de este tipo de eventos. Un evento que no incluya muchas actividades ni tenga mucho público será un éxito de todos modos para los asistentes. Mejor un evento pequeño, sin patrocinios, sin camisetas, etc. que no tener evento alguno.

Desde que se anunció la celebración del evento en Madrid la expectación ha sido grande y finalmente hemos contado con más de 90 inscritos y 15 charlas de temática muy heterogénea alrededor de la ciencia y el pensamiento crítico. Además de ser la entrada libre y gratuita, gracias a la generosa aportación de los patrocinadores (ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (@escepticos), la Asociación Círculo Escéptico (@cescept), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (@CSICdivulga), la Editorial Laetoli (@ed_laetoli) y la Revista Quo (@QuoRevista)) hubo muchos y variados regalos y se pudo invitar al desayuno y a gran parte del precio de la comida a todos los asistentes.

Las actividades, que además de emitirse en streamig fueron grabadas y serán publicadas en cuanto se realice el montaje entre el vídeo y las presentaciones, duraron desde las diez de la mañana hasta casi las nueve de la noche de forma ininterrumpida salvo breves descansos para reponer fuerzas, comer y hacer networking. Describo a continuación brevemente cada charla, incluyendo una videoconferencia en directo con SkeptiCamp Chicago que se celebró el mismo día:

Jorge J. Frías Perles
Y ahora... ¿Qué les cuento a mis alumnos? Tribulaciones escépticas en un aula de secundaria
Marisa Maliaño Toca
De mayor, quiero ser bacteria. Apta para todos los públicos, incluso los de ciencias
Julian Isla
Héroes y superpoderes. Curando una enfermedad rara
David Ruescas
Una perspectiva sobre la racionalidad. Racionalidad epistémica/teórica
Vicente Álvarez
Ciencia y paradojas: dos mundos incompatibles. Lógica, epistemología, matemáticas y finanzas
José Antonio Peñas
El pasado: ¿Qué sabemos de verdad?. Paleontología y exageraciones en los medios
José Luis Tajada
Papá quiero ser Científico... y ver OVNIS . ¿Se puede amar la Ciencia e investigar lo extraño?
José María Mateos
Breve introducción a las falacias lógicas. Los nazis celebraban la Navidad. Todo el que celebra la Navidad es un nazi. Y gasta más de lo necesario
Jesús Álvarez Ruiz
Y la fusión, ¿para cuándo?. Proyectos y Retos de una fuente de energía que nunca llega
José Luis Ferreira
El escepticismo en Economía. Trataremos de aplicar el kit del escéptico a la Economía
Mauricio-José Schwarz
Diez frases que no echaría de menos si no las vuelvo a oír. Esas cosas que por ser "escépticos" nos dicen una y otra vez
Chicago Skeptics
A global view on skepticism. We will join Chicago Skepticamp live via Skype to talk about the day's events and discuss interesting issues
Anónima
Lectura escéptica de noticias de patentes. Los ejemplos irán desde noticias sobre la difunta patente australiana de la rueda a la demostración "in vivo" del sujetador-mascarilla patentado, pasando por las noticias polémicas sobre patentes de medicamentos y sobre patentes relacionadas con las tecnologías de la información

Como coordinador y promotor en castellano de este peculiar modelo de eventos de divulgación espero ver su aplicación en distintas ciudades con tanto o más éxito que el cosechado en Madrid, ofrezco mis servicios y asesoramiento para ello.

Si tienen la oportunidad de asistir, no lo duden y colaboren. Si no surge esa oportunidad, quizá tengan que empezar a pensar en organizar su propio SkeptiCamp.

Los otros derechos de autor

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Además del derecho del autor a recibir una parte de los beneficios de la venta de su obra, deberían garantizársele otros. El más importante es el derecho a la integridad de la obra [1]. Por desgracia, este derecho está mucho menos protegido que el otro, como demostrarán unos pocos ejemplos.

·         En los años 2000 y 2001, Baen Books publicó en cuatro volúmenes varios de los cuentos y novelas de James H. Schmitz, autor de ciencia-ficción de los años sesenta. Se encargó de preparar la edición Eric Flint, autor de ficción científica. Además de seleccionar la obra de Schmitz, Flint decidió “mejorarla”. Para ello redujo significativamente el tamaño de la novela Legacy, con la siguiente justificación: ...Schmitz cometió... errores al escribir esta novela, que se pueden corregir fácilmente... Los errores consisten en que a Flint ciertos trozos le parecen aburridos, por lo que decidió quitarlos. Entre otros cambios menores, en el capítulo 5 uno de los personajes ofrece un cigarrillo a la protagonista. La oferta ha desaparecido en la edición de 2001, pues Flint la considera desfasada. Tres capítulos después, cuando la protagonista dice: Creo que ahora quiero ese cigarrillo, la frase también tuvo que desaparecer. Cuando los lectores protestaron, Flint respondió: ¡Que te zurzan! [2]

·         En la misma recopilación, Flint y su colaborador Guy Gordon cometieron otro tipo de atentado contra el derecho del autor a la integridad de su obra. Cuando Flint lamentó que uno de los personajes de Schmitz (Heslet Quillan) sólo aparece en un cuento y una novela, Gordon sugirió cambiar el nombre del personaje principal del cuento Planet of forgetting, añadiendo a su conversación algunas de las expresiones favoritas de Quillan, para resolver esa “deficiencia”. El cuento corregido se publicó en la recopilación con un título diferente: Forget it.

Los dos ejemplos anteriores se refieren a cambios realizados para adaptar la obra a las preferencias personales del editor. Los siguientes, en cambio, se deben a la corrección política dominante, que se ha convertido en una nueva forma asfixiante de censura:

·         Como es sabido, desde su publicación, [la obra de Mark Twain] ha sido sometida a censura de todo tipo en Estados Unidos [3].

·         En la edición de 1988 de The story of Doctor Dolittle, de Hugh Lofting, los editores y el hijo del autor decidieron cambiar frases del libro, publicado originalmente en 1920, porque a la luz de la sensibilidad actual, se las consideró poco respetuosas con minorías étnicas. No muy distinto es el pleito contra Tintin en el Congo (1930-31), presentado recientemente ante la justicia belga.

·         El cuento Little black Sambo, publicado en 1899 por Grant Richards, ha sido sometido recientemente a diversas revisiones, en el texto y las ilustraciones, por razones de corrección política [4].

Si seguimos así, en lugar de cambiar los libros, no tardaremos en quemarlos, como acertó a prever Ray Bradbury en Fahrenheit 451 (1953).

[1] Reconocido en el Convenio de Berna: el autor conservará el derecho... de oponerse a cualquier deformación, mutilación u otra modificación de la [obra]. Lo malo es que los autores muertos difícilmente pueden oponerse.

[2] Get a life! Trigger & friends, Baen Books, 2001, Editor’s commentary, Part II. Baen Books ha puesto a disposición pública y gratuita, en formato de libro electrónico, la versión original de las historias modificadas por Flint, en su Biblioteca Gratuita Baen: http://www.baen.com/library/.

[3] Marisa Fernández López, Publicaciones de la Universidad del País Vasco, 2008.

[4] http://en.wikipedia.org/wiki/Little_Black_Sambo

 

El reciclaje de tubos de rayos catódicos

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Con la difusión de las pantallas al plasma y LCD, el viejo tubo de rayos catódicos (CRT) irá desapareciendo de a poco. Como no podía ser de otro modo, ya se ha creado un mercado negro de exportación de residuos electrónicos a países donde de los mismos se pueden extraer valiosas materias primas, pero saltándose a la torera todo respeto por el ambiente y la salud de las personas.

La administración Obama corre al reparo prohibiendo la exportación de residuos electrónicos, lo cual quiere decir que en los próximos 1o años, deberán ser desmantelados y reciclados varios millones de viejos televisores y monitores de PC.  Si pensamos que en media el CRT de un televisor pesa entre 7 y 11 kg, y el de un monitor de PC de 5 a 8 kg,  resulta evidente que la mayor masa que habrá que reciclar es la que corresponde al vidrio de los CRT, y se trata de millones de toneladas.  Para complicar las cosas, la composición del vidrio no es la misma en el CRT. El cuello y el "embudo" contienen aproximadamente 30% de óxido de plomo (PbO).

 

 

Lo paradójico de la situación es que , mientras un cristal Swarovski contiene más del 35% de PbO2 y se vende a las cifras proprias de los artículos inútiles pero bonitos que tanto gustan a nuestra sociedad consumista, el vidrio de los viejos CRT se considera "residuo peligroso" y los desmanteladores de equipos electrónicos deben pagar a los fundidores de vidrio para que lo retiren. De hecho es el elevado tenor de PbO lo que confiere al cristal el elevado índice de refracción que lo hace asemejarse a un diamante, y ya hay quien quiere prohibir el consumo de bebidas en copas de cristal , por "el peligro de intoxicación" .  Más extraño resulta verificar que la solubilidad del PbO contenido en el vidrio es casi nula, por lo que más que un residuo se le debería considerar un inerte. No obstante todo, las autoridades americanas han impuesto severas restricciones a la reutilización del vidrio de CRT tal cual.

El PbO tiene un interesante valor de mercado, ya que es el material principal de baterías de coche, pinturas y centenares de productos. Por lo tanto, si se lograse extraerlo, el vidrio que queda, con bajisimo contenido de Pb, se puede reciclar a través de los canales habituales de dicho material porque pierde su etiqueta de "peligroso" y se recupera una materia prima que en USA comienza a escasear, al punto que importa ingentes cantidades de China y México. 

La solución al problema de cómo extraer el PbO viene de una empresa española, que ha ganado un concurso internacional de ideas con una propuesta muy simple para extraer el PbO del vidrio mediante un proceso químico muy simple (para quien le interese,  http://www.sustainable-technologies.eu/?p=579&lang=es ). 

 El concepto del "Que inventen ellos" parece haber cambiado sujeto.

 

Periodistas y mix energético, otra oportunidad de hacer nuestro trabajo

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Dejo aquí colgada la interveción que hice el pasado 20 de enero el el Primer plenario del Foro español para el diáologo sobre el mix energético, que se celebró en la Escuela de Industriales, en Madrid.

Buenas tardes. Tengo la fortuna de hablar el último así que ahora, como periodista, debería dar buena cuenta de lo que aquí se ha hablado. Porque, se supone, esa es la tarea de los periodistas. Contar cuantos son y qué les pasa. Y, a mi juicio, ese debe ser su trabajo en este asunto de trata de fomentar el diálogo social sobre el mix energético. Proporcionar información y herramientas para que el público se forme su propio criterio y opine y decida lo que mejor le parezca. Así que, si me lo permiten, yo voy a hacer algunas reflexiones sobre ese diálogo y sobre el papel en él de los periodistas, más que sobre el propio mix. Y lo hago sin perder de vista, como ha dejado escrito Arcadi Espada, que “ninguna batalla decisiva de la contemporaneidad puede producirse fuera de los medios”.

Porque a los periodistas no nos corresponde decir, como periodistas, cómo ha de ser el mix. Sí, desde luego, como ciudadanos, como cualquier ciudadano. Pero nosotros somos, debemos ser, deberíamos ser, notarios de la realidad, no actores. No nos corresponde a nosotros señalar que la política energética debe ser una política de largo plazo, con mayúsculas. No nos corresponde decir tampoco que las decisiones de largo plazo deben ser producto de grandes consensos. Pero, eso sí, debemos saberlo.

No nos corresponde a nosotros decir que los tres pilares de toda política energética, la seguridad de suministro, el coste y los condicionantes ambientales, han de ser tenidos en cuenta y valorados en el debate. Pero sí debemos saberlo, sabiendo además que pueden ser contradictorios, que normalmente, una mayor seguridad es más cara que estar más en precario. Pero se trata de una decisión política, ni siquiera técnica, aunque deban de tenerse en cuenta considerandos técnicos.

Ese decisión, política, no debe de ser sencilla, a juzgar por lo que cuesta tomarla. Y no debe serlo tampoco si tenemos en cuenta que la Unión Europea ha sido incapaz de tomar decisiones conjuntas relevantes sobre política energética: hay una política agraria común, tenemos una moneda común, pero no hay una política energética común. Y eso debe obedecer a algunas razones. De hecho, las decisiones que afectan al sector energético se toman desde el área de medio ambiente, por ejemplo todas las referidas al horizonte 20/20/20, o desde el área de competencia, como las decisiones encaminadas a fomentar el modelo de transportista y operador único de redes.

Veamos un ejemplo de la toma de decisiones políticas, es decir, producto del acuerdo o de la imposición de quien gobierna y que afectan de manera notable a los ciudadanos, lo sepan o no. ¿Cuánto petróleo debemos almacenar como país? ¿Con qué reservas de gas debemos contar? ¿Para 10 días, para 100, para 50? Se trata de una decisión política con consecuencias económicas y consecuencias sobre la seguridad de suministro. ¿Qué riesgos quiere asumir la ciudadanía?

Pues, una vez más, en este asunto la contribución de los periodistas, en mi opinión, ha de ser la de contar, por supuesto con rigor, las consecuencias de las distintas posibilidades, y para eso tenemos que hacer nuestro trabajo consultando fuentes, jerarquizándolas, permitiendo que los ciudadanos estén informados y puedan formarse su propio criterio. Insisto, su propio criterio, no el nuestro, no el de las fuentes que mejor nos caigan o con las que simpaticemos.

Tenemos, por tanto, la obligación de conocer bien a nuestras fuentes, de saber bien por donde respiran. No solo saber de qué pie cojean, sino saber quiénes son, a quien hay que llamar en cada caso, cómo contrastamos la información. Porque de lo que se trata es de contrastar la información. Al decir que no tenemos que tomar partido no quiero decir que debemos ser simples correas de transmisión de datos más o interesados de las fuentes. Si lo que la fuente dice es una barbaridad, tenemos que ser capaces de detectarlo.

Por eso, lo primero que tenemos es que saber de lo que hablamos. Por eso, creo firmemente en la especialización en la información. Hay que tener historia, conocimientos, contactos y criterio para hacer bien una información. Sabiendo qué papel debe jugar cada pieza en el rompecabezas de la información: la historia, los conocimientos, los contactos y el criterio. Como decía el periodista  Lester Markel, “lo que ves es noticia, lo que sabes es conocimiento, lo que sientes es opinión”. Y no debemos confundir ninguna de las tres, aunque hemos estar provistos de todas para hacer una buena información.

Tenemos, por tanto, que saber sobre renovables y térmicas, sobre carbón y nuclear, sobre eólica y fotovoltaica, sobre el mix y la cobertura de demanda. Y un poco, aunque sea un poco, del cómo funciona el sistema eléctrico y casi casi me atrevería a decir que también cómo funciona el mercado, aunque supongo que ya conocen ustedes el dicho: el mercado eléctrico español es tan raro que si te lo explican y lo entiendes es que no te lo han explicado bien.
Es decir, tenemos que tener fuentes, contactos, maneras de contrastar la información. Porque, así como todos los enfermos de House mienten, todas las fuentes son interesadas. Todas. Y es necesario saber el interés de cada una, y es necesario tener otra fuente con la que contrastar la información proporcionada. Tendrán interés económicos, ideológicos o de cualquier otro tipo, pero todas tienen intereses. Todas las fuentes quieren arrimar a su sardina el ascua de la noticia.

También por esta razón considero que tenemos que tratar la información energética de manera desideologizada, algo no siempre sencillo. ¿O es que estamos seguros de que cerrar nucleares es de izquierdas, como hace Angela Merkel? ¿O instalar muchas es de derechas, como en China? ¿O son de izquierdas los inversores estadounidenses que protestan por la retroactividad de las primas a la solar? Evitemos los apriorismos y prefiramos el análisis, huyamos de los encasillamientos y miremos con los ojos de la razón. 
Y, como periodistas, también debemos de ser críticos e independientes de las fuentes y de nuestra propia opinión, de nuestros sentimientos. Sobre todo se nuestros sentimientos. A los periodistas que hacen deporte no se les pide, más bien al contrario, que sean de un equipo de futbol o de baloncesto; a los periodistas de sucesos no se les pide que estén de parte de la policía, del juez o del ladrón. A los periodistas científicos y ambientales no se nos debe pedir que estemos a favor o en contra de ninguna opción energética a priori. Claro, tenemos ideas, corazón e ideología, pero, como decía el antes citado Lester Markel, lo que sientes es opinión y nuestra labor es informar, permitir que otros se creen su propio criterio, no contaminarles con el nuestro.

Pero, además de la información pura, el hecho de que tratemos cuestiones que no son de dominio público nos va a obligar con frecuencia a hacer divulgación, además de hacer información. Esto se debe a que algunas de las cuestiones que se han de tratar en estas informaciones, insisto, no son de dominio público y no son bien conocidas o son incluso completamente desconocidas. Y así como el cronista deportivo no se ve en la obligación de explicar qué es un fuera de juego, el periodista que hable de fuentes de energía del futuro quizá tenga que dedicar unas líneas a explicar la diferencia entre fisión y fusión nuclear o el funcionamiento del hidrógeno como combustible para mover un coche. O la diferencia entre potencia instalada y cobertura de la demanda o de qué hablamos cuando hablamos de un hueco de tensión.

En este mismo sentido y un poco a caballo entre la información y la divulgación, debemos ser conscientes de los mitos del sector eléctrico y no caer ellos. Se trata de un sector en el que los mitos abundan y se han convertido en incontestables lugares comunes. Por ejemplo, España vive de la electricidad que producen las nucleares francesas, sin cuya ayuda el sistema se vendría abajo. Falso, España produce más electricidad de la que consume, así que es exportadora.

Otro mito: los residuos de Vandellós 1 nos cuestan 60.000 euros diarios que hay que pagar a Francia. Falso, es un depósito que será reembolsado en su mayor parte. Otro: hay que tomar decisiones ya sobre la construcción de nuevas centrales nucleares si queremos llegar a tiempo para cuando hagan falta: falso, la potencia instalada actual y el ritmo de penetración de renovables y el incremento previsto de la demanda muestran que no es necesaria más potencia de base, de la de 8.700 horas, al menos durante toda esta década, aunque quizá sí potencia flexible. Y otro más, el último: las energías renovables exigen menos red de trasporte. Falso, de hecho es todo lo contrario, las renovables exigen más red, porque a una demanda caprichosa se le suma una oferta variable que depende las condiciones del tiempo y que además se mueve.   Me gustaría, para terminar, hacer un llamamiento a los actores principales para que hagan un esfuerzo de información. Esta decisión del mix, una decisión política, como decía antes, ha de ser tomada por la ciudadanía y por sus representas con el mejor criterio posible, con la máxima información y con todo el rigor, excepto el rigor mortis. Por eso, me parece que esta iniciativa, la del diálogo por el mix, es una aportación interesante y que quiero agradecer yo también a los organizadores, ya que nos permitirá a todos contar con más elementos de juicio. Y en este debate el papel de los periodistas es, precisamente, facilitar esa comunicación, y para ello lo mejor es contar con las viejas normas del periodismo, aquellas que insistían en contar lo que uno ve con profesionalidad.

Tratemos de ser como el periodista Manuel Chaves Nogales, que inventó en España, treinta años antes que Truman Capote y Norman Mailer eso del nuevo periodismo. Tenemos que ser, digo, como Chaves Nogales, si ello es posible. De él dice Antonio Muñoz Molina en el prólogo del libro que recoge sus crónicas de la Guerra Civil que “no se casaba con nadie. En su integridad intelectual, en su independencia política, en su radical toma de partido por los seres humanos de carne y hueso frente a las abstracciones genocidas de las ideologías de su tiempo, el comunismo y el fascismo, a la altura de Chaves Nogales solo está George Orwell”. Ya me gustaría que los periodistas de hoy fuéramos como Chaves Nogales, aunque no creo que eso sea posible. Pero, al menos, deberíamos intentarlo.

Muchas gracias.

Jóvenes y ciencia: una relación con futuro

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Algo está cambiando en la imagen que los jóvenes tienen sobre la ciencia.