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Me sigue llamando la atención que cuando hablamos de divulgación científica, de ciencia, de investigación, de tecnología, de innovación... siempre se ponen ejemplos relacionados con las ciencias naturales, experimentales o como se las quiera llamar, y nunca, pero nunca de humanidades, ciencias sociales, economía,... Y yo creo que no es posible hablar de ciencia ni de divulgación científica... Ni tan siquiera de periodismo científico si persiste en nuestras actitudes una discriminación tan acientífica como es olvidarnos del 50 o tal vez del 60% de la ciencia; de la otra ciencia. Y sin esta consideración no es posible relacionar ciencia con cultura. Del mismo modo que no es posible hablar de globalidad cuando ésta sólo abarca al 10-15% de la humanidad y no a la totalidad, a la generalidad: la globalidad es universal o no es globalidad, como la cultura general o es general o no es cultura.
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Ayer ví un pedazo de programa QQQ y preguntaban a algunos diputados andaluces acerca del ADN. Supongo que muchos sabrían responder, pero unos cuantos (entre ellos Manuel Chaves), en lugar de responder qué es el ADN, lo explicaban relacionándolo con las pruebas forenses y policiales sin tener ni idea de que se trata de una (macro)molécula.
No creo que sea necesario que un político sepa lo que es un quark, un quasar o el ARN mensajero, pero sí cosas elementales como una molécula, un átomo, el CO2, una estrella, una galaxia, el ADN, el lince, la selección natural darwiniana, un gen... Estas son nociones que competen a la escuela elemental, y quien carezca de estas bases dificilmente puede entender un texto de divulgación científica.
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No creo que sea necesario que un político sepa lo que es un quark, un quasar o el ARN mensajero, pero sí cosas elementales como una molécula, un átomo, el CO2, una estrella, una galaxia, el ADN, el lince, la selección natural darwiniana, un gen... Estas son nociones que competen a la escuela elemental, y quien carezca de estas bases dificilmente puede entender un texto de divulgación científica.
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Coincido con Juan Tena en que no saber qué es el CO2 es cuestión de educación elemental, no de divulgación. Discrepo en que no saber qué es el CO2 sea equivalente a ignorar qué son los gluones, los quarks o el holismo. Estos últimos no son conceptos elementales, el CO2 sí. En cualquier caso, el problema no es quién tiene la culpa de la ignorancia de los políticos. El problema es que los políticos sean tan ignorantes, que sea posible llegar a desempeñar cargos de dirección y organización de la sociedad sin saber cosas tan elementales.
El sociólogo más importante del siglo XX, Pitirim Sorokin, de origen ruso y ciudadanía estadounidense, diagnosticó muy bien el problema hace más de cuarenta años, cuando escribió esto sobre el sistema democrático de partidos:
"La organización actual del sistema de partidos lleva a la elección como líderes de los mediocres y de los hipócritas. Como no se tolera la independencia de pensamiento, los individuos originales, valientes y honrados no se afilian al partido. O si lo hacen, se convierten en una minoría ineficaz, [mientras el partido es gobernado] por personalidades de segunda o tercera categoría que se arrogan la representación de todo el partido y hablan en nombre de los votantes. Se tiene entonces una oligarquía de la mediocridad... La verdadera voluntad de las masas, la opinión pública, es tan desconocida después como antes de las elecciones. Las promesas del partido no se toman en serio, en cuanto sus candidatos son elegidos... Frente al partido, el individuo es una cantidad despreciable, atado de pies y manos. Toda crítica dirigida al partido se toma como una ruptura de la disciplina y viene seguida por la expulsión por herejía. En lugar de educar al individuo para la libertad, el partido los hace serviles" (Society, Culture and Personality, 1962).
Creo que va siendo hora de intentar cambiar el sistema y de no dar por supuesto que vivimos en el mejor de todos los posibles. Sin pensarlo mucho, se me ocurre uno mejor: la elección del gobierno por sorteo entre todos los ciudadanos. Al menos de esta forma cabría una probabilidad no nula de que personas capaces, eficientes y originales llegasen a dirigir el país. Se podría tomar ejemplo de la república romana y elegirlos sólo por un año, sin posibilidad de reelección.
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El sociólogo más importante del siglo XX, Pitirim Sorokin, de origen ruso y ciudadanía estadounidense, diagnosticó muy bien el problema hace más de cuarenta años, cuando escribió esto sobre el sistema democrático de partidos:
"La organización actual del sistema de partidos lleva a la elección como líderes de los mediocres y de los hipócritas. Como no se tolera la independencia de pensamiento, los individuos originales, valientes y honrados no se afilian al partido. O si lo hacen, se convierten en una minoría ineficaz, [mientras el partido es gobernado] por personalidades de segunda o tercera categoría que se arrogan la representación de todo el partido y hablan en nombre de los votantes. Se tiene entonces una oligarquía de la mediocridad... La verdadera voluntad de las masas, la opinión pública, es tan desconocida después como antes de las elecciones. Las promesas del partido no se toman en serio, en cuanto sus candidatos son elegidos... Frente al partido, el individuo es una cantidad despreciable, atado de pies y manos. Toda crítica dirigida al partido se toma como una ruptura de la disciplina y viene seguida por la expulsión por herejía. En lugar de educar al individuo para la libertad, el partido los hace serviles" (Society, Culture and Personality, 1962).
Creo que va siendo hora de intentar cambiar el sistema y de no dar por supuesto que vivimos en el mejor de todos los posibles. Sin pensarlo mucho, se me ocurre uno mejor: la elección del gobierno por sorteo entre todos los ciudadanos. Al menos de esta forma cabría una probabilidad no nula de que personas capaces, eficientes y originales llegasen a dirigir el país. Se podría tomar ejemplo de la república romana y elegirlos sólo por un año, sin posibilidad de reelección.
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Lamento que el texto "Los políticos no saben qué es el CO2" no sea original, sino una copia del aparecido (originalmente) en la lista acccnet. Ya con motivo de su publicación contesté a su autor con un texto que reproduzco y que, natu-ralmente, no está escrito expresamente para esta ocasión, sino que lo fue para responder en su momento al texto aludido.
Decía al autor de este texto que “No confundas [...] la Educación General Básica con la cultura científica y menos aún con la divulgación. El que no sabe sumar (disciplina científica) no necesita cultura científica ni divulgación científica, necesita saber sumar, y para eso necesita tener conocimientos de Educación General Básica, y eso no lo proporcionas tú (como periodistas de ciencia), sino el "maestro de escuela". Pienso que si empezamos a confundir las cosas, haremos una cojonuda tortilla, pero no sabremos de qué ni para qué.
El autor del mencionado texto me respondió:
Ufff [...], pobres maestros, con la que les está cayendo. Ya veo a los de
Greenpeace encaramados en los colegios acusándoles del cambio climático! :-
En serio. Llámalo como quieras, falta de cultura, de educación, de
información... pero no sé, yo me esperaba más de unas personas que toman
decisiones que nos competen a todos...
A lo que le respondí:
En serio, esto no se llama de cualquier manera. No vale cualquier cosa, porque los estudios primarios son una cosa, la divulgación otra y la cultura abarca mu-cho más que lo primero y lo segundo. Así pues, no da lo mismo llamar a las cosas de cualquier modo. Ese es problema: que nos hemos acostumbrado a denominar cosas diferentes de manera igual; es decir, muy inexactamente. Y así no hay Dios que se entere, ni forma humana de analizar los problemas y comprender sus causas y consecuencias.
Ante la insistencia del autor en su, a mi juicio, error he de insistir. Cualquiera de nosotros podría preguntar y ser preguntados sobre un millón de cosas de las que sin duda ni los políticos no nosotros tendríamos ni la más pajolera idea. Porque a un político lo que se le pide es que gestione el patrimonio social que se le pone en sus manos durante un período legislativo, y que resuelva aquello problemas que surjan. En esa actividad tendrá que rodearse de las personas que le ayuden a cumplir adecuadamente su trabajo. En el caso que nos ocupa quizá el político tenga que hablar con nuestro periodista de ciencia y medio ambiente para que le instruya sobre el CO2 y así el político pueda adoptar las medidas que sea necesarias, las cuales no tienen por qué ser las que diga el grupo ecologista de turno o el periodista-concienciado-ambiental.
Ya que la cosa, según parece, va de examen y de reprochar a un político su grado de ignorancia, habría que se equitativos y formular a los periodistas críti-cos preguntas similares y, de ese modo, comprobar su grado de cultura cientí-fica y sobre todo de la influencia que en él ha tenido el canon de la difusión de la ciencia; estos es, la divulgación.
Así del texto de referencia se infiere que un periodista especializado en ciencia y tecnología debería saber qué es por ejemplo: holismo, fungi, fly-bi-Wire; gluo-nes, estrella de la muerte, explicar el cuarto sabor del quark, también sería inte-resante que explicara qué es la fórmula de Drake o algo tan común como las chinches informáticas. Yo no tengo ni puñetera idea de ninguna de ellas. No obstante también soy periodista de ciencia y tecnología y de medio ambiente y de lo que salga. Y he de subrayar al autor del texto en cuestión que para reali-zar mi trabajo no necesito estar especializado en cada una de las áreas cientí-ficas que son propias de los conceptos, leyes, principios o cosas de las que se han mencionado. Si de cultura hablamos, podríamos formular preguntas rela-cionadas con las humanidades (conceptos retórico o movimientos literarios), las ciencias sociales (psicología social), la economía (política presupuestaría), la sexología (la evolución del sentimiento del placer)... de las que seguramente nuestro querido autor, como el político y yo mismo, no tenemos ni “zorra” idea. Así pues salir con un artículo como el citado (de fuentes tan poco fiables como las de un programa tan tosco como QQQ) me parece una bobería en el mejor de los casos, así como una exagerada presunción por parte del autor.
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Decía al autor de este texto que “No confundas [...] la Educación General Básica con la cultura científica y menos aún con la divulgación. El que no sabe sumar (disciplina científica) no necesita cultura científica ni divulgación científica, necesita saber sumar, y para eso necesita tener conocimientos de Educación General Básica, y eso no lo proporcionas tú (como periodistas de ciencia), sino el "maestro de escuela". Pienso que si empezamos a confundir las cosas, haremos una cojonuda tortilla, pero no sabremos de qué ni para qué.
El autor del mencionado texto me respondió:
Ufff [...], pobres maestros, con la que les está cayendo. Ya veo a los de
Greenpeace encaramados en los colegios acusándoles del cambio climático! :-
En serio. Llámalo como quieras, falta de cultura, de educación, de
información... pero no sé, yo me esperaba más de unas personas que toman
decisiones que nos competen a todos...
A lo que le respondí:
En serio, esto no se llama de cualquier manera. No vale cualquier cosa, porque los estudios primarios son una cosa, la divulgación otra y la cultura abarca mu-cho más que lo primero y lo segundo. Así pues, no da lo mismo llamar a las cosas de cualquier modo. Ese es problema: que nos hemos acostumbrado a denominar cosas diferentes de manera igual; es decir, muy inexactamente. Y así no hay Dios que se entere, ni forma humana de analizar los problemas y comprender sus causas y consecuencias.
Ante la insistencia del autor en su, a mi juicio, error he de insistir. Cualquiera de nosotros podría preguntar y ser preguntados sobre un millón de cosas de las que sin duda ni los políticos no nosotros tendríamos ni la más pajolera idea. Porque a un político lo que se le pide es que gestione el patrimonio social que se le pone en sus manos durante un período legislativo, y que resuelva aquello problemas que surjan. En esa actividad tendrá que rodearse de las personas que le ayuden a cumplir adecuadamente su trabajo. En el caso que nos ocupa quizá el político tenga que hablar con nuestro periodista de ciencia y medio ambiente para que le instruya sobre el CO2 y así el político pueda adoptar las medidas que sea necesarias, las cuales no tienen por qué ser las que diga el grupo ecologista de turno o el periodista-concienciado-ambiental.
Ya que la cosa, según parece, va de examen y de reprochar a un político su grado de ignorancia, habría que se equitativos y formular a los periodistas críti-cos preguntas similares y, de ese modo, comprobar su grado de cultura cientí-fica y sobre todo de la influencia que en él ha tenido el canon de la difusión de la ciencia; estos es, la divulgación.
Así del texto de referencia se infiere que un periodista especializado en ciencia y tecnología debería saber qué es por ejemplo: holismo, fungi, fly-bi-Wire; gluo-nes, estrella de la muerte, explicar el cuarto sabor del quark, también sería inte-resante que explicara qué es la fórmula de Drake o algo tan común como las chinches informáticas. Yo no tengo ni puñetera idea de ninguna de ellas. No obstante también soy periodista de ciencia y tecnología y de medio ambiente y de lo que salga. Y he de subrayar al autor del texto en cuestión que para reali-zar mi trabajo no necesito estar especializado en cada una de las áreas cientí-ficas que son propias de los conceptos, leyes, principios o cosas de las que se han mencionado. Si de cultura hablamos, podríamos formular preguntas rela-cionadas con las humanidades (conceptos retórico o movimientos literarios), las ciencias sociales (psicología social), la economía (política presupuestaría), la sexología (la evolución del sentimiento del placer)... de las que seguramente nuestro querido autor, como el político y yo mismo, no tenemos ni “zorra” idea. Así pues salir con un artículo como el citado (de fuentes tan poco fiables como las de un programa tan tosco como QQQ) me parece una bobería en el mejor de los casos, así como una exagerada presunción por parte del autor.
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Los políticos no saben qué es el CO2 / Alex Fernández Muerza






Estoy de acuerdo en que la ciencia es cultura, pero discrepo en que las humanidades o las ciencias sociales sean como las ciencias duras (véase, matemáticas, física o química). La experimentación (con precisión) es algo fundamental en la ciencia (por más que la observación conlleve una carga teórica, o que la tesis Duhem-Quine sea verdadera). Y aunque las llamadas ciencias políticas o la filosofía de la mente tienen sus métodos rigurosos, parece que hay algo en la física (pongamos por caso) que la hace diferente. Nótese que no digo ni mejor ni peor, sino diferente (lo cual no la excluye de ser parte de la cultura).