Sabado, 31 Julio 2010

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Mío, mío y mío

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A la edad de un año los niños pequeños empiezan a decir dos palabras: “yo” y “mío”. Las dos están indiscutiblemente ligadas: si no hay yo, tampoco puede haber mío. En la era de la búsqueda corporativa de la identidad, los grandes de las TCIs han llegado al año-parsec y han empezado a decir "mío" de otra forma.

 

Google, Apple, Microsoft, Amazon,… todos y cada uno de ellos van a batallar los próximos años a muerte por hacer a la gente suya. La época de los blog parece ya el pleistoceno. Las redes están maduras. Cifras de la semana pasada revelaban que un porcentaje desorbitado de usuarios abandonaba la actividad de sus cuentas. Han legado los nuevos sistemas operativos: Androide, Crome, el 7 de Windows, los de los móviles; y, junto a ellos, las nuevas plataformas para hacer nuevas cosas: Kindle e IPad. Lo importante es que llega la nueva ola de la computación en nube: Google wave, Microsoft live,…

 

El canto de la sirena es “entra en mi mundo, no necesitas nada más”. Por ejemplo: usa el buscador Google, la cuenta de correo Google, mi traductor, You Tube, Goolge Maps, Google Academic, Google docs, …. Y un largo etcérera integrado. Si es Apple quien puede entonar el mío, la lista es distinta, pero con el mismo resultado: IPhone, IPad, ITunes, Macbook,…., todo bien cerradito. Antes nadie vencía o alguien vencía, todos competían, ahora hay vencedores parciales. Cada uno es el rey de su rellano. En cada área somos prisioneros de un dueño distinto.

 

Aunque a primera vista la computación en nube nos haría más libres –de la máquina- nos ata más a quien nos da servicio, es decir, todo está en el servidor. Este escenario es la tormenta perfecta para revindicar lo “mió” porque todos los datos y aplicaciones del usuario estarán en manos de una corporación. Antes, al menos, teníamos el control de nuestra máquina que contenía nuestro software. Ahora se trata de repartirse a la gente y crear ecosistemas de los que no se pueda salir. Difícil cambiar, por no decir imposible, sin empezar de nuevo.  Cada vez -y no digo que no tenga su parte buena-, nuestra máquina es más tonta y el servidor más listo.

 

Deberían ponernos etiquetas a la espalda. Así, gente como Steve Jobs y Sergey Brin se sentarían a la entrada de su pueblo a ver quién de los dos dice más veces “mío” al vernos pasar.

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