La ciencia de la inspiración

Bien es sabido que, sin inspiración ni motivación, no seríamos capaces ni de la mitad de lo que logramos en nuestro día a día. Esto es cierto para la ciencia y, para la vida.

A veces, esta inspiración la podemos obtener gracias a personas con complejo de lanzadera, es decir, personas que, con sus simples palabras o mostrándote la belleza de otras, son capaces de catapultarte a estados anímicos que te hacen conseguir grandes cosas. Seguro que si lo piensas un poquito, te viene a la mente una de las tuyas. Todos tenemos al menos un par.

Aquí te muestro dos de mis muchas lanzaderas que, además, tuve la suerte de conocer: Stephen Hawking y Neil De Grasse Tyson.

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Hasta el mismísimo Isaac Newton tenía personas lanzadera. Todos recordamos aquello que un día le escribió a Robert Hooke en una de sus cartas: “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes“.

Pero yo no soy ninguna Isaac Newton, ni ninguna gigante. No soy científica. Nunca realizaré ningún importante descubrimiento, ni ganaré un premio Nobel. Eso se lo dejo a otros. Otros con unas cualidades diferentes a las mías. Pero yo tengo otras,  y entre ellas, quizás la capacidad para inspirar a otros y catapultarlos hasta las altas esferas de la ciencia, porque yo me considero eso, persona con complejo de lanzadera.

Aunque no me considere una científica, como quizás sois la mayoría de vosotros, amo la ciencia igual o más que los que viven en los laboratorios. Puedo decir feliz y orgullosa, que mi vida gira en torno a la ciencia y ella me ha dado de los momentos más maravillosos de mi vida.

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Pocos momentos más felices recuerdo como el día que tuve la suerte de conocer a Stephen Hawking, o el día que vi al matemático Roger Penrose dando una entrañable conferencia con transparencias y proyector en pleno siglo XXI, o el día que me planté en el medio del desierto de Socorro, en Nuevo México, para contemplar los 27 radiotelescopios del observatorio radioastronómico del VLA, mientras se ponía el Sol (Foto), o el día que encontré una mina de uranio en pleno Cañón del Colorado. (Foto)

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Son muchos momentos similares a estos los que la ciencia me ha regalado, por no mencionar los increíbles ratos que he pasado durante años, devorando libros de divulgación científica en mis lejanas playas canarias. Libros de algunos de mis personas lanzadera como Isaac Asimov, Richard Dawkins, Richard Feynman y ya tirando más para casa, de Javier Fernández Panadero.

¡Horas y horas acompañada por la ciencia, bajo el Sol y leyendo las palabras de personas apasionadas que comunican ciencia con tanto amor y de una forma tan exquisita y elegante, que no te queda más remedio que sucumbir a ella y enamorarte, de la ciencia digo, ¡jaja!

A pesar de ser uno de los amores de mi vida, sé que hay muchos ámbitos en los que la ciencia no es precisamente la más popular de la fiesta.

Y es aquí precisamente donde entro yo y muchos de vosotros que os dedicáis a divulgarla.

A lo largo de mis años de estudiante, tanto en el instituto, como estudiante de Química en la universidad y ahora, los años que llevo siendo profesora, primero en España y ahora en Estados Unidos, este concepto de lanzadera se ha ido haciendo cada vez más importante para mí.

Sé que suena típico, pero quizás la cura del cáncer está en el cerebro de un prodigio que, por no recibir los estímulos apropiados, nunca mirará con ojos golosos en esta dirección,

nuestra dirección,

¡la dirección de la ciencia!

Es aquí donde el papel de esa persona lanzadera se hace crucial,

o dicho de una forma más específica,

un divulgador/comunicador científico o un profesor.

¿Y a qué sector de la sociedad debemos disparar estos dardos de amor a la ciencia llenos de serotonina y dopamina?

Partiendo de mi experiencia y, habiendo saboreado ambos lados de la educación, siendo estudiante y docente, lo tengo clarísimo:

Los niños y los adolescentes.

Ellos.

Ahí está la clave.

Ahí y sólo ahí.

22352043_373381666429451_7011645874358976512_nSi haces que un niño o un adolescente se ilusione con la ciencia y vea la belleza que hay escondida detrás de cada concepto científico, detrás de cada ecuación matemática y sea capaz de maravillarse con el porqué de las cosas, tienes ganado ya al adulto.

Quizás hasta llegue a tatuarse sobre la piel una de esas bellas ecuaciones de las leyes de la Física, como un día lo hice yo, ¡jaja! Quizás, nunca lo hubiese hecho de no ser por aquella primera persona lanzadera que tuve, que me hizo amar la ciencia por encima de todo, mi querido Fran, mi profesor de Química del instituto.

(La ecuación es una de las de la Teoría especial de la relatividad, concretamente, la de “dilatación del tiempo“, que es uno de los conceptos que más me fascinan de la ciencia.)

¿Y cómo hacer que un niño o adolescente se inspire y motive de esta manera?

Pues es sencillo y complicado a la vez.

Muchas veces pecamos de focalizarnos en lo que no es tan importante. Esto también se aplica tanto en la ciencia, como en la vida. A veces nos centramos en explicar lo que está en el temario o en la guía que nos han dado, preocupándonos en exceso por ver si saben pasar de gramos a moles o si saben despejar correctamente una ecuación, pero no nos preocupamos de lo que realmente importa: que la ciencia pase realmente por ellos y les encandile. Te garantizo que una vez esto ocurre, este es el catalizador para que todo lo demás venga solo.

qq¿De qué me sirve a mí que un alumno sepa usar de forma automática las ecuaciones de la cinemática y gravitación, cuando no se da cuenta que, orbitando la Tierra, hay una pedazo de Estación Espacial (ISS) del tamaño de un campo de fútbol, considerada la obra de ingeniería más sofisticada hecha por el hombre, que va a la friolera de 27.500 km/h, dando una vuelta completa al planeta cada hora y media, y que si reduce esta velocidad, la gravedad terrestre gana la partida y se precipitaría sobre nuestras cabezas?

aHablar de lo que es la ISS por ejemplo, de cómo se construyó, de los experimentos científicos que se hacen en ella y mostrarles vídeos de astronautas explicando insitu lo que hacen allí, sólo cuesta unas 2 horas de clase. ¡La expectación que este tema causa en ellos es máxima! Sobre todo, después de haber “flipado” con saber que el traje espacial que usan los astronautas durante la subida, debe ser diferente al de bajada, porque debido a la ausencia de gravedad durante meses, las vértebras se separan haciendo que crezcan 6 cm en altura, y obviamente, no caben en el traje de subida.

¡Se les queda unas caras de besugo que para qué! Además, luego te cosen a preguntas.

¡Y ya está! El gusanillo de la curiosidad, de la inspiración y de la motivación ya les ha picado.

Ya después les pones una actividad de cinemática, con datos reales de la ISS, y lo hacen con otra energía, ¡créeme! Lo harán hasta tarareando la famosa canción de Space Odity que les acabas de mostrar en un vídeo hace sólo unos minutos, donde el astronauta Chris Hadfield la canta flotando con su guitarra por la ISS. ¡Espectacular! Te vendrán al día siguiente diciéndote que al llegar a casa, le hablaron a los padres de la Estación Espacial…¡jaja!

Aquí te dejo el maravilloso vídeo por si no lo has visto. ¡Es fantástico!

Pica sobre él: Chris Hadfield cantando Space Oddity en la ISS

Y ya ves, sólo con este simple hecho de haberles hablado con amor y fascinación acerca de la ISS, a lo mejor hay alguien extraordinario que ya le ha picado la curiosidad y, quizás, un día se convierta en ingeniero aeroespacial, que estará el resto de su vida enamorado de los motores y contribuyendo quizás, a llegar un día a Marte.

Otro caso similar…

¿De qué me sirve a mí que un alumno se sepa la tabla periódica y sepa calcular el número de partículas subatómicas, si realmente no se da cuenta que los átomos de carbono, oxígeno y nitrógeno, que forman la mayor parte de su cuerpo, se formaron en el centro de una estrella gigante con una reacción de fusión nuclear?

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Hablando del Big Bang, y haciéndoles pensar en el increíble hecho de que no somos más que polvo de estrellas o una perfecta y compleja combinación de productos de fusión nuclear, les hace cambiar la visión que tienen tanto del universo, como de la química. Hablar de esto, naturalmente, fomenta todo tipo de preguntas habidas y por haber. Otra “sencillez” que tratada con la ilusión y el énfasis que este fascinante tema merece, habrá captado la curiosidad de otros tantos. Quizás, futuros químicos nucleares que investiguen con fármacos radiactivos y curen enfermedades.

Mira este precioso vídeo en el que te das cuenta que tus átomos vienen de las estrellas. ¡Uau! Pica sobre él: The most outstanding fact of the universe.

Pero insisto, hay algunas mentes que están esperando a ser despertadas con la curiosidad. Curiosidad que quizás no sería activada sin el catalizador de la motivación y la inspiración. Por esto, termino recalcando que la divulgación y la apropiada comunicación en edades tempranas, es clave a la hora de seguir adelante con esto que llamamos avance científico.

Una de las iniciativas que personalmente hago para intentar incentivar a todo el mundo a que se fije un poquito más en la ciencia, es contar, en un Blog, aspectos científicos que me voy encontrando en cada uno de los viajes que hago.Viajo siempre que puedo y por ello me hago llamar “la viajera cuántica“.

Sé que si estás leyendo esto, probablemente no seas ningún niño ni ningún adolescente que necesite urgentemente una persona lanzadera, pero si quieres echarle un vistazo a mi página web pica sobre este enlace: www.laviajeracuantica.com, quizás te inspires o motives para viajar a algún destino y mirarlo como yo, con una “mirada cuántica”.

Y ya sabes, en nuestras manos está inspirar a esta generación de jóvenes que…¡son el futuro!

Simplemente, necesitamos personas enamoradas de la ciencia que pongan todo su empeño, toda su pasión y todo su corazón, en inspirar a los que quizás un día, revolucionen el mundo de la ciencia, porque, al fin y al cabo, se trata de inspirar para la ciencia, teniendo un poquito en cuenta la ciencia que hay detrás de la inspiración.

Me despido esperando que os haya gustado mi publicación.

Un saludo a todos, y os dejo con una de mis citas favoritas: “En algún lugar, algo impresionante está esperando a ser descubierto.”- Carl Sagan

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