Ciencia, humanismo y cognición extendida / Karim Gherab Martín

¿Qué es esto de la cognición extendida y qué relación tiene con la ciencia?

Estas son algunas de las preguntas que pretende responder el curso “Tools, Instruments, and Extended Cognition” que están impartiendo en la Universidad de Harvard el conocido físico e historiador de la ciencia Peter Galison y el filósofo de la ciencia (y de la biología) Peter Godfrey-Smith .

El objetivo es investigar en qué medida los científicos utilizan las herramientas y los instrumentos científicos como extensiones de sus propias mentes, es decir, como “prótesis” cognitivas que permiten llevar a cabo complejas tareas (cálculos, memorización, simbolismos, etc.) que la mente individual de una sola persona no es capaz de llevar a cabo. En cierto modo, se trata de ir más allá de la conocida caracterización cartesiana de la mente en la que la sustancia mental del individuo juega el rol de único sujeto epistémico. En la filosofía de Descartes, el pensamiento sólo puede llevarse a cabo en el seno de la mente ya que el ser materia pensante (res cogitans) es lo que la define. Cualquier otro instrumento o herramienta es materia extensa (res extensa) para Descartes, que llena el espacio pero que no tiene la propiedad de hacer emerger los pensamientos.

La cognición extendida, obviamente, niega esta concepción cartesiana de la mente y va más allá. Veamos un par de ejemplos sencillos para empezar:

1. ¿Cual es el resultado de multiplicar 29.647 por 98? Supongo que el lector habrá optado por coger una calculadora o realizar el cálculo a mano, con lápiz y papel, poniendo en práctica las técnicas que aprendimos todos de pequeños en el colegio. Este proceso conlleva una serie de pasos que utilizan el papel como soporte (en el caso de la calculadora, el razonamiento es muy similar). Primero escribimos los dos outputs que salen de nuestra mente, a saber, 29.647 y 98. Seguidamente, realizamos el cálculo, que lleva un par de multiplicaciones (primero 29.647 por 8, y luego 29.647 por 9) y una suma de las cantidades resultantes. Finalmente, obtenemos el resultado que es el input que nuestra mente recupera del papel. Todo el proceso cognitivo se ha realizado en el papel, que ha sido la herramienta que ha posibilitado un cálculo que nuestra mente “al desnudo” no era capaz de realizar.

 2. El lenguaje es una herramienta que posibilita ciertas técnicas memorísticas de las que pocas veces somos conscientes. Veamos un muy sencillo ejemplo. Imaginemos por un momento que vivimos en una época en la cual ya tenemos la noción de cantidades numéricas pero que aún no hemos asignado palabras que las describan. Y supongamos que ya sabemos denominar las cosas por su nombre. En otras palabras, al señalar un barco gritamos “barco”, y al ver dos barcos, sabemos que hay dos barcos, pero gritamos “barco, barco”. En este caso, si viéramos 20 barcos, la cosa sería inmanejable: “barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco, barco”.  Es por ello que inventamos la palabra ‘veinte’, para poder resumir lo anterior en un escueto y menos esforzado “veinte barcos”. En este caso, utilizamos el lenguaje como instrumento para un determinado fin. Desde este punto de vista, el lenguaje es una tecnología.

La siguiente pregunta que surge entonces es: ¿Es el acelerador de partículas del CERN, con sus enormes cámaras de burbujas, sus instrumentos complejísimos de detección de partículas y todos sus programas informáticos y bases de datos sencillamente (dejando aparte las estructuras sociales y culturales que lo conforman) un tipo bastante complicado de cognición extendida? Y si es esto efectivamente así, ¿en qué punto de esta res extensa debemos localizar la, llamémosla así, res cogitans extendida? (Una pregunta similar a la que se hizo entonces Descartes antes de señalar la glándula pineal)

Profundicemos un poco más en los resultados que proporciona el CERN. Los artículos que firman los científicos del CERN como resultado de estos enormes experimentos tienen en muchos casos no menos de cien autores, cada uno de los cuales no sabe lo que hace el otro, pero que sin la participación de alguno de ellos (experto en su rama científica), el experimento probablemente no habría podido llevarse a cabo con éxito. ¿Es esta colaboración también un proceso de cognición extendida? ¿Y qué papel juegan la tecnología digital e Internet como soporte tecnológico que posibilita esta colaboración intersubjetiva (en el sentido de interacción de muchos sujetos)?

La ciencia es un proceso muy complejo que lleva consigo dimensiones humanas que van más allá de lo que la mayoría de científicos anteriores al siglo XX (y del propio siglo XX) imaginaron. El complejísimo proceso de investigación científica no es comprensible sin un análisis de sus dimensiones (tanto interna como externamente) culturales, sociales, antropológicas y tecnológicas. Pero sólo será posible comprender en profunidad todas estas dimensiones una vez que comprendamos la dimensión humana, el Yo tecnológico, ese escenario primitivo en el que nuestra mente gobierna el movimiento de ideas que logran manipular el mundo exterior, un mundo que existe y que utilizamos en nuestro provecho, pero del cual nuestra mente a su vez forma parte. Difícil tarea. Apasionante tarea.

 

Escrito por:

Asociación Española de Comunicación Científica

Todavía no hay comentarios, ¿Quieres ser el primero?

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra

política de cookies ACEPTAR
Aviso de cookies