Ciencia y caridad

En la historia del arte los mecenas ocupan una página destacada. Movidos por la mala conciencia o por el interés sincero, el apoyo de los ricos a las artes ha permitido que miles de pintores, músicos, escultores y escritores, por citar sólo cuatro bellas artes, pudieran hacer su trabajo. Ahí tenemos a los Medicis y su Fra Angélico y su Miguel Ángel (y sus papas y su banca) y ahí tenemos al duque de Béjar y al conde de Lemos y su Quijote (uno cada parte, que aquí siempre hemos sido más parcos). Las+chicas+de+la+Cruz+Roja

En la investigación científica el modelo de mecenazgo, especialmente en EE.UU. está tan asentado que no es necesario ni citar el cáncer y los Lasker o la biología y los Rockefeller para que se vengan a la mente inmediatamente. Las razones por las que esto ocurre más a menudo allá que aquí han sido estudiadas con detalle muchas veces y no merece la pena entrar en ellas ahora, pero es un hecho que aquí los ricos no han sido muy amigos de patrocinar ciencia, que digamos, aunque, recientemente, parece que algunas grandes empresas empiezan a transitar este camino. En general, el Estado ha sido siempre parco también y a los (pocos) años de vacas gordas (aquel primer tercio del XX, la década de los 80, la primera parte de los 2000) les han seguido siempre vacas paupérrimas. Y, en estos últimos años, estamos rozando ya el disparate de pretender cambiar de modelo económico y pasar del ladrillo a la probeta mientras lo que se rescatan son bancos que se han hundido por ladrilleros y se dejan caer centros de investigación que no han despilfarrado porque no han tenido con qué. Soplar y sorber a la vez es cosa sencilla al lado de esta mosca y este rabo.

En fin, tampoco se pretende con esta entrada volver a la historia sino hacerse eco y, en la medida de lo posible, suscitar un debate, sobre la pertinencia de sustituir la financiación pública de la ciencia por la caridad, instada por el mismo Gobierno que perpetra los notables recortes. Es decir, el paso, el acrobático salto de las peticiones de patrocino individual (lo que se llama crowdfunding, que hasta la palabra tenemos que pedir prestada), que pasan de ser iniciativa de investigadores más o menos emprendedores a ser auspiciadas por la Fecyt. La plataforma Precipita recientemente lanzada a la palestra pública (al palenque, diría Cajal; ¿y qué diría de ella?), con el fin de “acercar la ciencia a la ciudadanía”. Más bien, me parece, acercar la investigación a la cartera de la ciudadanía.

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¿Tiene sentido? ¿Ha de suplir el ciudadano común y corriente la disminución en la inversión pública en investigación? Si de verdad se considera que la ciencia “Es fuente creadora de puestos de trabajo” y “Es clave en la competitividad de las economías” ¿lo dejamos al albur del interés de los ciudadanos? ¿Se trata de una notable y benemérita iniciativa en un momento difícil, y merece por ello nuestro apoyo, o es un parche bienintencionado pero desafortunado? Hablemos. Si les parece, usemos este blog de la AECC como foro de discusión. Adelante. (Por cierto, y por favor y con perdón: opiniones y criterios, no exabruptos ni salidas de tono; razones y diálogo, no insultos ni monólogos; mesura y profundidad, no chillidos y levedad. Gracias.)

[Esta entrada está escrita por Antonio Calvo Roy, Ignacio Fernández Bayo, Javier Armentia y Óscar Menéndez.]

Nota 13-X-14, 16:35 h.: Por un error, en la firma de este artículo no aparecía el nombre de Javier Armentia, quien es desde el principio partícipe de él.

Escrito por:

Presidente Junta Directiva AECC / Director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad en Red Eléctrica de España

22 Comments

  1. Calvo Roy, Antonio M dice:

    También en el Parque Científico de la Univesidad de Valencia se ha puetso en marcha un sitio para pedir micromecenazgo http://www.fundacio.es/index.asp?pagina=709&noticia=3849

  2. Pues os diré, Calvo y Bayo (a ti, Óscar, no te conozco).

    El modelo USA no es fácilmente exportable porque se basa en un elemento que está totalmente fuera del argumento científico: la alta densidad de ricos. Dicho coloquialmente, antes de que haya un millonario pagando la investigación del cáncer, tiene que haber diez o doce que compren equipos de fútbol o de baloncesto; ergo a la ciencia no le “toca” hasta que hay doce o trece millonarios.

    EEUU, que es un país habitual y lógicamente criticado por inequality, podría decidir ser más egalitario; si lo fuese, la investigación científica con dinero privado, con seguridad, se resentiría. Yo diría que mucho. Así pues, hay que ser cuidadosos al valorar los pros y los contras de cada alternativa.

    El modelo español no va por ahí, está bastante más obsesionado por la igualdad social; lo cual afecta de lleno a su sistema educativo y, en general, a su carácter dirigista. El dirigismo público tiene estas cosas: cuando el Estado está forrado hay pasta para todo, y cuando está sur la paille, te has de joder. Pero insisto en que es el modelo. El gasto público en ciencia español, hoy, no está haciendo nada raro; está haciendo lo que un modelo estatalista dice que ha de hacer cuando en la caja del Estado no hay un mango.

    A ello hay que unir que, cuando menos en mi opinión, el sistema educativo superior, que es la sopa de Oparin de la investigación, es como se dice de las fincas de los terratenientes sureños: manifiestamente mejorable.

    Fomentar el crowfunding de la investigación científica es dos cosas muy graves: la primera, es una bajada de impuestos encubierta, aunque bien es cierto que voluntaria. La segunda, es el olvido del hecho de que buena parte de los avances científicos surgen realizando investigaciones inútiles o aparentemente inútiles, razón por la cual el financiador ha de ser experto, se llama Rockefeller o Comisión de Otorgamiento de Subvenciones de la Comunidad Autónoma de La Rioja.

    Pero, insisto: que haya que echar mano de esta alternativa notablemente imperfecta es consecuencia de un modelo. Adoptar un modelo es casarse con él: en la salud, y en la enfermedad.

    Y no hay novia perfecta.

  3. Obviamente, quise decir «subida de impuestos encubierta».

  4. Muchas gracias por vuestro interés en Precipita, http://www.precipita.es, aunque me surgen montones de dudas al leer vuestro escrito, que os traslado a continuación. ¿De verdad creéis que el crowdfunding es caridad? ¿O solo es caridad si las personas realizan donaciones a proyectos de investigación? ¿Creéis de verdad que lo que aporten los ciudadanos a través de Precipita podría suplir a la financiación del Plan Estatal? ¿De verdad os parece que con 25.000 euros máximo por proyecto (es el máximo que Precipita permite recaudar por proyecto) la plataforma puede llegar a ser un parche de ninguna clase a la financiación pública? ¿Conocíais este dato?

    Para FECYT es un proyecto ilusionante y sí, es definitivamente un proyecto para acercar la ciencia a los ciudadanos pues estos tienen la oportunidad de asomarse a una ventana para conocer proyectos vivos de investigación, y a los investigadores que participan en ellos, científicos que dedican algo de su tiempo -más que ocupado- a explicar a esos mismos ciudadanos en qué consiste su proyecto y por qué su investigación merece la pena. Sí, desde luego que se trata de un proyecto para divulgar la ciencia y os invito a conocerlo.

    • Marian dice:

      Pues es calcado a una parte de un proyecto que lanzó en el 2012 MasScience y creo recordar que un representante del FECYT coincidió con ellos en una ocasión

      Esta plataforma nacerá con mucha ilusión pero el Estado lo que tiene que hacer es gestionar bien y los españolitos ya pagan suficientes impuestos al Estado para que vaya a investigación como para seguir pagando al estado para que estén haciendo lo que están haciendo con el dinero publico los políticos y funcionarios puestos a dedo que tenemos

      • Muy calcados a MasScience no son, ya que todavía tienen pendiente sacar a la luz su plataforma web. Técnicamente el desarrollo web de FECyT es el mismo que su obra anterior: Taracea.
        En lo referente a la cultura / filosofía del proyecto, siento que iLoveScience ha sido una fuerte inspiración para la FECyT (por decirlo de una manera amable). En concreto los flyers que llevamos repartiendo en cada evento al que asistimos. Desde el máximo de recaudación, la máxima de “crowdfunding para divulgar e involucrar”, pasando por “dividir grandes proyectos en pequeños”.

  5. Calvo Roy, Antonio M dice:

    Nuria, muy buenas. Gracias por participar en este debate que trata de profundizar, precisamente, en si este tipo de proyectos tienen sentido o no. Dice el DRAE que caridad, http://lema.rae.es/drae/?val=caridad, en su tercera acepción, es la “Limosna que se da, o auxilio que se presta a los necesitados.” Si escuchamos las quejas de los investigadores, la verdad es que parecen muy necesitados, aunque yo más bien creo que es el país el que está necesitado de ellos, pero esa es otra historia. No, no había encontrado el dato de que el máximo es 25.000 euros, pero eso no afecta mucho al debate en general, aunque, con las cifras que se manejan en ciencia sí parece una limosna.

    El debate, a mi juicio, es que se diga que “El proyecto sólo recibe el dinero si llega a su objetivo mínimo de financiación en un periodo máximo de 90 días.” Eso me llama la atención. O es un proyecto relevante para España, y hay que financiarlo, o no lo es, y no hay que financiarlo. Es decir, que haya proyectos de investigación al albur de la caridad (pon la palabra que prefieras, patrocinio, por ejemplo, y así hablamos español) me llama la atención. Si son los propios investigadores quienes tratan de conseguir ese dinero extra para llevar a cabo sus proyectos, lo entiendo mejor. Que una institución pública promueva eso es lo que me llama atención pero, que quede claro, promovemos el debate, -yo, al menos- para formarme criterio, porque no lo tengo claro. Veo puntos a favor y puntos en contra. No sé si esta carta ayuda también a formar opinión: en ella “Científicos europeos acusan a los líderes políticos de perder «el contacto por completo con la realidad del mundo de la investigación»”
    http://elpais.com/elpais/2014/10/08/ciencia/1412764866_249154.html

    El debate, a mi juicio, es si no supone una dejadez, dado el modelo que tenemos y del que habla Miguel Ángel Vázquez más arriba, reducir la inversión pública en ciencia –lo que parece dejar claro que no es tan importante- y pedir un esfuerzo suplementario a los ciudadanos. El debate, a mi juicio, es si tiene sentido hablar de cambiar el modelo económico y salvar bancos mientras se deja hundir, por ejemplo, en Instituto de Historia de la Medicina López Piñero http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/06/17/valencia/1403036451_507364.html
    El debate, a mi juicio, es lo que el mensaje supone. Y como el mensaje más importante de un Gobierno lo envía en sus presupuestos, es interesante echar un vistazo al informe de la Cosce sobre los presupuestos del 2015: “No se puede decir que se apueste por la I+D+i como motor de crecimiento sino que se consolidan las pérdidas de años anteriores. Con estas tasas de crecimiento se necesitarían muchísimos años para recuperar los niveles de 2009.” http://www.cosce.org/pdf/analisis_urgencia_COSCE_Proyecto_PGE2015_2oct.pdf

    Por último, que esta sea la manera de acercar la ciencia a los ciudadanos también me suscita dudas. No creo que el papel de los investigadores sea emplear “algo de su tiempo –más que ocupado-” en explicar a los ciudadanos en qué consiste su proyecto para que colaboren económicamente en él. Para eso hay profesionales de la comunicación que deben hacerlo. O para eso está el extraordinario trabajo de Sinc, por ejemplo. El papel de quienes trabajan en la comunicación de la ciencia no debe ser suplido por los investigadores. Pero este es quizá otro tema para otro debate, también interesante.

    • Bueno, las palabras más allá de su definición en la RAE son esclavas de su uso. A mí me dices “caridad” y me sugiere la España más negra en la que, mucho antes de que existieran los derechos, los que más tenían calmaban su conciencia repartiendo migajas desde su bienestar, y esta imagen además la completo con escenas magníficas de obras maestras como Viridiana y Plácido. (Justo las Chicas de la cruz roja no es de mis favoritas)Pero quizás es que tengo mucha imaginación y en realidad vosotros en absoluto teníais pensado provocar una asociación de imágenes de ese estilo. Más allá de la palabra y sin afán de atascarme en el titular, te leo otro error sobre el funcionamiento de la plataforma que paso a aclarar.

      Para poder subir un proyecto en PRECIPITA, debe haber superado una evaluación de una convocatoria pública. Esto es así para garantizar que los proyectos son de calidad, pero además, no hará falta que explique que ello significa que ya cuentan con financiación. Por tanto, no dependen “del albur” ni de Precipita, ni para existir ni para subsistir. A través de Precipita se financian pequeñas partes que permiten a los científicos ampliar la investigación, (realizar una prueba adicional durante unos meses más, contratar a una persona que realice experimentos adicionales, comprar materiales extra…) si entras en la web y visitas los proyectos (ahora mismo solo hay doce, no son tantos) puedes ir comprobando por ti mismo a qué me refiero.

      Por cierto, también hay quien nos ha criticado precisamente porque solo se permite una financiación pequeña para esos conceptos complementarios. Como dice el dicho gallego, “Pao se anda, pao se non anda”.

  6. Gran tema.

    Cuando escribí sobre ello ( http://www.dixitciencia.com/2012/02/05/crowdfunding-en-la-ciencia-los-pequenos-mecenas-del-siglo-xxi/ ) se me aparecieron las mismas dudas, y eso que por aquel entonces las iniciativas no venían de instituciones públicas (al menos no las relacionadas directamente con la investigación).

    Por aquel entonces ya los propios investigadores que presentaban sus proyectos admitían que, como dice Nuria, era más una labor de divulgación que de verdadero soporte. En ese sentido es difícil que el crowdfunding sustituya una línea de investigación. Pero si se hace bien (con traslación del proceso y de los resultados a los “mecenas”) quiero creer que sí puede conseguirse una mayor implicación de gente externa. Y que, en lugar de sustituir a la financiación pública, esa implicación aumente el peso de las reclamaciones para que los presupuestos se incrementen.

    ¿Ingenuidad? Puede ser. Pero creo que puede valer la pena probarlo.

    Un saludo,
    Jesús

  7. Paco Colomer dice:

    Creo que la intención de PRECIPITA es buena, y sin embargo hasta que he leido el post de Nuria no lo había entendido bien. Quizás eso es lo que llegue al “espectador”, que la Ciencia va a ser subvencionada por voluntariosos ciudadanos ante la insolvencia del Estado. Podría ser útil hacer una buena campaña de información al respecto.
    Saludos.

  8. Gracias a Nuria y a todos los demás por vuestras aportaciones.
    Por mi parte, sólo aclarar que el crowdfunding no tiene por qué ser malo. Uno puede pedir financiación donde quiera, en la puerta de una iglesia o en internet. Lo raro y especial de este crowdfunding consiste en que parte de un organismo gubernamental, del que se espera la financiación de la ciencia, precisamente en un momento en que la financiación de la ciencia está en un retroceso mayúsculo.

  9. Hay documentos que hablan por sí solos, como el informe de COSCE sobre la inversión en ciencia (http://www.cosce.org/pdf/analisis_urgencia_COSCE_Proyecto_PGE2015_2oct.pdf) o el comunicado “Con ciencia hay futuro”, en el que se afirma que España “está siendo expulsada de los Comités Científicos Internacionales por el impago de las cuotas internacionales de unos pocos miles de euros”.

    Gran contraste, hablar de topes de 25.000 euros cuando, por menos, los investigadores no tienen acceso a las revistas científicas con las que, se supone, deben trabajar.

    Y esto es solo un detalle.

    Definitivamente, el crowdfunding a este nivel estaría justificado como herramienta de divulgación y participación ciudadana si la inversión en ciencia fuese la que debe ser y no la que es. Entonces sí. Ahora, sinceramente, me parece una burla.

    Lo lamento por el esfuerzo que habrán puesto las personas que están detrás de este trabajo, que destila ilusión y ganas. Pero tal vez no sea el momento. Porque suena a broma de mal gusto.

  10. Ay, las modas… y ahora está de moda esto del mecenazgo de las masas, cosa que a priori no parece mala, ¿y se pretende exportar este modelo a la financiación de la ciencia? En mi humilde y desconocedora opinión, no creo que sea el camino a seguir, ni aunque hablemos de solo 25k€ por proyecto. Algunos conocidos, al saber de este tipo de iniciativas, y sin conocer nada de cómo está la ciencia en España, me han comentado que (sic) “pobrecitos los científicos que tienen que pedir dinero a la gente para poder trabajar”. ¿Es este el mensaje que se quiere hacer llegar a la ciudadanía?

    Ahora bien, coincido con algunas opiniones (como la de Jesús Méndez o Nuria Molinero) en que “quizá” como iniciativa de divulgación sí pueda ser útil. No obstante, sigo teniendo muchas dudas. Paco Colomer lo ha dicho muy bien: sería necesaria una buena campaña de información.

    Para mi, sin embargo, el fondo de la cuestión está en las asignaciones presupuestarias del Estado para la ciencia, que, para variar, en 2015 continúan en la línea miope y cortoplacista que muchos estamos un tanto hartos de denunciar año tras año. Si esto no cambia, iniciativas como esta del crowdfunding no pasan de ser una mera anécdota…

  11. Es interesante leer opiniones tan diversas.

    El crowdfunding si bien off-line cuenta con más de 100 años de antigüedad, on-line es una iniciativa más bien novedosa y dada por tanto al anglicismo. En su novedad, el micromecenazgo o financiación colectiva es normal que cree recelos de sustitución. Sólo hay que mirar a Uber, a Airb’n’b o a la propia Materia: nuevas iniciativas que abren nichos que parecen amenazar a sus vecinos.

    Después de moverme casi 3 años entre ciencia y micromecenazgo pude observar que la capacidad de recaudación del micromecenazgo en un tiempo razonable (30-45 días), dificilmente superará un décimo de la subvención para un proyecto de I+D del MINECO. Ni aunque tengas el proyecto en la plataforma científica de crowdfunding on-line más exitosa hasta el momento, iLoveScience.

    De la capacidad sustitutiva de la financiación colectiva ya se habló largo y tendido en otros foros ( https://www.meneame.net/story/ilovescience-crowdfunding-desde-espana-ciencia ). Desde mi punto de vista plantearse si el micromecenazgo puede sustituir a la financiación pública constituye un debate caduco sobre un escenario irreal.

    Sin embargo la financiación colectiva despierta otro tipo de comportamientos: por una parte motiva a la divulgación en primera persona por parte de los científicos, por la otra el ciudadano decide qué ciencia puede impulsar. Debido a la naturaleza del micromecenazgo on-line, los proyectos a financiar suelen ser más jóvenes, espontáneos y cortoplacistas. Sin entrar a juzgar la calidad de estos proyectos, es cierto que se quedan fuera de un sistema de financiación donde la edad media de la concesión de la primera subvención ha subido 10 años en la última década. La financiación colectiva puede abrazar a estos proyectos, darles un primer impulso y abrir las puertas a otras vías de financiación (no necesariamente subvención pública).

    Creo necesario recalcar que la innovación no consiste en aplicar nuevas tecnologías porque sí, si no en suplir necesidades que se habían cubierto con estas nuevas tecnologías. En otras palabras, la financiación colectiva no ha venido a generar nuevos problemas a lo loco, si no a resolver algunos que ya existían de antes, y otros que han aparecido de nuevo.

    Roi

  12. Pensad en el origen mismo del crowfunding: nace desde particulares, creadores principalmente, que buscan financiar proyectos NO convencionales. Y creo que ese es precisamente el exito del modelo, que permite hacer realidad nuevas ideas, sólo porque resultan interesantes para los ciudadanos.
    Ahora bien, se supone que el grueso de la financiación de la ciencia en todo el mundo NO es así. Hay estrategias globales, nacionales y regionales que definen qué investigaciones se deben financiar más. También hay comités de expertos en cada tema, que evalúan los proyectos que se presentan y priman la calidad, dentro de las estrategias fijadas.
    El crowfunding no debe verse como la solución general para conseguir de fondos para investigar, sino como UNA OPORTUNIDAD para abrir nuevas ventanas. Así mismo, los gobiernos no deben escurrir el bulto. Es su responsabilidad el promover el conocimiento que mejorará el futuro de sus ciudadanos.

  13. Vaya por delante que no tengo información completa sobre el proyecto así que mis comentarios no están basados en un conocimiento total de la iniciativa precipita. Pero lo que opino a día de hoy, prometiendo informarme mejor, es lo siguiente:

    1.- No me parece mal que la ciudadanía, los yoes individuales, quieran participar de forma activa en la financiación de un proyecto científico. Por supuesto, ni que decir tiene que ya participamos todos a través de nuestros impuestos. Así que me parece que hay que explicar las cosas muy bien para que no de la sensación de que se va a suplir la financiación del estado por los aportes ciudadanos (El mensaje de Nuria ha sido muy esclarecedor a este respecto, gracias).

    2.- También me parecería genial una casilla en la declaración de la renta junto a la casilla de la iglesia donde pudiera todo el mundo marcar que quiere que se destine un porcentaje a la investigación científica. (Y espero que esto no se considere una salida del tema, porque lo digo muy en serio.)

    3.- Me preocupa un tema específico. La financiación de proyectos básicos por este método. No me cabe duda de que los proyecto biosanitarios no tendrán problemas en responder preguntas tales como –¿Esto para qué sirve? –, pero la gente que trabaja en matemática pura, en física matemático-teórica, etc, lo tendrán mucho más complicado para “vender” su producto. Claro está, aquí el que mejor divulgue y promocione se llevará el gato al agua. Con esto no pongo en duda la capacidad de la gente para entender la ciencia, sino la capacidad de todos nosotros para decidir invertir en un proyecto que no sabemos si servirá para algo útil en algún momento. Afortunadamente la historia se empeña en demostrarnos que incluso los estudios más abstractos han traído muchos beneficios a la sociedad.

    4.- Para finalizar, yo no creo que esto sea caridad en ningún sentido. Me parece alentador que la gente tenga la opción de participar y que exija mayor información y mayor “transparencia” en el ámbito científico. Pero también me parece que hay que insistir en que el gobierno, el estado, o como se llame, tiene que invertir en ciencia, apostar por un nuevo modelo de producción en este país.

    Un saludo,

    Enrique

  14. Estuve en la presentación de Precipita y Carmen Vela dijo precisamente que no pretendía sustituir a la financiación tradicional, supongo que temiendo que todo el mundo iba a pensar eso mismo.

    Una cosa sí que me gusta. He participado en otros ‘crowdfunding’, de libros o películas, y los autores se ponen en contacto con el donante de pasta, más o menos a menudo, para informarle de los progresos -hemos empezado el rodaje, hemos mandado el libro a imprimir, etcétera- y pensé que, aplicado a la ciencia, sería interesante (novedoso, refrescante) recibir ese tipo de información ya que la gente, e incluso los periodistas, a menudo no tenemos acceso a los procesos, solamente al trabajo de turno cuando es publicado. En ese sentido, me parece muy interesante que si pones 20€ en un proyecto científico, te vayan informando de en qué cosas se emplea tu dinerillo.

    ¡Saludos a todos!

  15. Justo después de ver el flash mob de los científicos del IRB de Barcelona me he encontrado con este debate. Lo primero que pensé al ver el vídeo es que daba pena que los científicos hayan tenido que llegar a esto para poder seguir investigando y después lo vi como una llamada a la esperanza para poder continuar con su labor. Creo que este doble pensamiento puede trasladarse a este debate. Como base de la financiación de la ciencia, creo que es completamente criticable el proyecto del gobierno. Hay investigaciones que nunca atraerían el interés del ciudadano y menos de los millonarios ¿ qué haríamos entonces con ciertas parcelas de la ciencia? Hay que atender también, como se decía con anterioridad, que en nuestro país no hay muchos ricos, y de ellos pocos son ilustrados en todos los sentidos. Y a la ciudadanía le falta cultura científica (aquí los científicos deben entonar el mea culpa) Con todo creo que la ciencia debe contar con financiación estatal y el mecenazgo se debe abrir solo a ciertos proyectos quizás a los que tengan un mayor coste o repercusión social como suelen ser las investigaciones biomédicas. Y lo que si se deben implantar es la obligación de que cada proyecto tenga un plan de divulgación pues estoy segura que de haber comenzado desde un principio con esta parcela, el ciudadano sería consciente de lo importante que es la ciencia para su propio futuro.

  16. Natalia Ruiz dice:

    Ante todo, quede patente mi profundo respeto por todas las personas que plasman su esfuerzo en estos proyectos. Mi opinión gira en torno, exclusivamente, a los argumentos presentados para defender las que, a mi modo de ver, son aquí dos propuestas distintas: el micromecenazgo privado y el flamante micromecenazgo público.

    Empezaré respondiendo a Roi Villar, apasionado defensor del micromecenazgo privado, haciendo alusión a sus propios comentarios en este hilo (he ido respondiendo párrafo a párrafo):

    ¿Nuevas iniciativas que abren nichos que parecen amenazar a sus vecinos, o iniciativas como Materia que sí están en su tiempo y no ancladas en un pasado en papel que nunca volverá? ¿Nuevas iniciativas que aprovechan un vacío legal, ahorrándose el pago de impuestos que sí deben pagar taxistas, hoteles, pensiones y demás, usando el marco digital para ello (lo cual nos lleva a la necesidad de nuevas leyes que se adapten a este entorno)? Creo que mezclas temas de debate, y este que abordas, el de la adaptación a la era digital, es un asunto muy diferente al que centra este intercambio de opiniones. A mí no me genera recelos de sustitución que haya nuevos formatos informativos o de venta en internet, en absoluto.

    Cuando dices “Desde mi punto de vista plantearse si el micromecenazgo puede sustituir a la financiación pública constituye un debate caduco sobre un escenario irreal”, aquí estoy totalmente de acuerdo contigo: el escenario es totalmente irreal, porque no es posible financiar absolutamente ningún proyecto de ciencia a escala nacional a base de micromecenazgos. Sin embargo, la muestra de que el debate no está caduco la tienes aquí mismo, en estas letras que lees (en Meneame, siguiendo el enlace que adjuntas, no se profundiza en algunas cosas que son francamente necesarias).
    En uno de tus comentarios finales dices: “Si la existencia de una vía alternativa servirá como justificación al gobierno para reducir la inversión en I+D, es una hipótesis que aunque respetable, hace falta demostrar más allá de conjeturas”. Creo que el último PGE habla por sí solo (más reducción en la inversión en ciencia) y el nacimiento de Precipita puede ser una nota más que responda a tus dudas…

    Las últimas afirmaciones son, a mi modo de ver, muy atrevidas. Si bien es cierto que hay que impulsar la comunicación desde el sector de la investigación en primera persona, no veo cómo los ciudadanos pueden estar preparados (lamentablemente) para discernir qué proyectos son merecedores o no de esa financiación. La ciencia no puede basarse en un márquetin de puertas para afuera para tomar esas decisiones: la ciencia tiene un sistema muy bien establecido para conceder subvenciones públicas que, en beneficio de todos, desarrollen programas de investigación, tanto básica como aplicada.

    El crowdfunding está muy bien como llamada de atención, como instrumento publicitario, como herramienta de divulgación. En eso seguimos estando de acuerdo. Pero que me hables de proyectos cortoplacistas en ciencia, perdóname, me parece, insisto, muy atrevido. ¿Jóvenes y espontáneos? Explícame qué es un proyecto científico joven y espontáneo, un proyecto científico cortoplacista, y entonces intentaré comprender a qué te refieres. Porque para mí la ciencia siempre ha sido una maratón, algo a muy largo plazo. De hecho, algo que pocas veces acaba porque siempre hay ramificaciones y continuidades.

    Y yo sí entro a juzgar la calidad de los proyectos, faltaría más: ¡es lo más importante! Tal vez el hecho de que la primera subvención se dé cada vez más tarde es, precisamente, por lo complicadísimo que es establecerse en este país. La edad que alcanzan los investigadores sin haber consolidado y echado raíces para poder liderar un proyecto (¿cómo hacerlo con 37 años, familia y, en el mejor de los casos, contratos de cuatro años?) o, lo que es más paradójico, liderar proyectos sin haberte consolidado y que surjan incompatibilidades absurdas por las burocracias internas de este bendito país. Sí, tienes razón: cada vez es más difícil, y empresas como la vuestra tienen un loable fin: dar visibilidad a estos proyectos. De nuevo, estamos de acuerdo. Pero en el fondo, no en la forma.

    Al final vuelves a hablar del fenómeno del micromecenazgo en internet: aquí me dejas frita (perdón por lo liviano del comentario), porque confundes o mezclas de nuevo el tema de la forma, la herramienta en sí (plataforma de internet que te ofrece la posibilidad de aportar dinero a una idea o proyecto) con el fondo (que, para mí, sería ¿es el crowdfunding una forma de financiar la ciencia?).

    Para terminar, me gustaría aclarar algo que ya se ha dicho en este hilo de comentarios: me encanta que haya empresas emprendedoras que abran nuevas vías y que ganen dinero con ello. Me encanta que el crowdfunding sea una forma de hacer crecer la cultura científica de la ciudadanía, una forma de colaboración y publicidad. Lo que no me encanta, y además me parece de mal gusto, es que lo haga una institución pública, que forma parte de la estructura que debe proteger y promover la ciencia pública (esa que investiga también cosas que, aparentemente, no son rentables ni a corto ni a medio plazo, pero que pueden proporcionarnos maravillas como el TAC, cuyas primeras fórmulas fueron ciencia básica –1917, Transformada de Radon- y que dieron como resultado su fabricación en 1972 con un posterior Premio Nobel).

    Para cerrar esta intervención, que ya es muy larga, y aunque Antonio Calvo Roy ya ha dejado una respuesta a Nuria Molinero, quiero manifestar una cosa: he leído en varios sitios que las crisis sirven para reajustar, para eliminar malas gestiones que generan malos funcionamientos, depurando así las estructuras. Sin embargo, no estoy viendo que eso ocurra por ninguna parte, con lo cual debe ser una teoría que, en nuestro caso, no funciona. Ni hemos apostado por un cambio de sistema productivo, ni parece que haya visos de que eso vaya a ocurrir en algún momento. España tiene mucha tradición caritativa, con una caridad de arriba abajo. Por el contrario, tenemos poca tradición solidaria, la que viene a ser la forma horizontal de colaborar. La caridad la da el que, sobrándole el dinero, “concede”, “otorga”, con su infinita bondad, la posibilidad de que otros hagan algo. La solidaridad (que se podría ajustar más a la idea de crowdfunding, pero que, en el caso de lo público, no me parece adecuada) es la de todos los ciudadanos que pagan sus impuestos, haciendo que lo público llegue a todos por igual.

    Si Fecyt quería, como mencionas, Nuria, “acercar la ciencia a los ciudadanos […] para conocer proyectos vivos de investigación, y a los investigadores que participan en ellos”, podría haber utilizado otras fórmulas. Tal vez, como menciona Ángel Gómez, sea porque habéis visto en ello una herramienta de moda que podría resultar útil. Pero, ¿sabes una cosa? Al final, lamentablemente, seremos los mismos los que, llevados por nuestra pasión por la ciencia, acabaremos poniendo algún dinero en este o aquel proyecto. Creo firmemente que la manera de hacerlo desde lo público debe pasar por otros instrumentos. Os invito a que investiguéis cuáles pueden ser esas otras fórmulas y nos las deis a conocer. Así como a que este debate continúe.

    • Vaya trabajo me has dejado, Natalia!

      Con las analogías de Materia o Uber, sólo quería plasmar que las nuevas iniciativas nos pueden llevar a pensar que desplazarán totalmente aquellas herramientas tradicionales. Así, ni Materia acabará con el periodismo científico impreso, ni Uber acabará con los taxis, ni el crowdfunding de equidad con las sociedades de capital riesgo.

      Yo creo que el último PGE demuestre que el micromecenazgo ha servido como excusa para reducir la inversión en I+D. No encuentro la evidencia que la reducción del último año fuese mayor que en los ejercicios pre-precipita/pre-ilovescience.

      Respecto a la relevancia de los ciudadanos a la hora de financiar según qué investigaciones, siento discrepar. Yo creo que es responsabilidad de todo el aparato científico explicar su existencia para que la ciudadanía la pueda considerar justificada. Como investigador público creo que me debo a las necesidades que dicte la sociedad y no a mis intereses en una convocatoria competitiva. Sé que muchos no piensan así, y fue debate candente en el Campus Gutenberg recientemente celebrado. No obstante, no creo que un modelo de participación ciudadana en la financiación científica deba ser excluyente con una revisión por pares, que en iLoveScience hemos implementado.

      Sé que me dejo algunas cosas (intencionadamente) sin contestar, bien porque prefiero reservarlas para un debate posterior, bien porque habiendo visto cuánto se están pareciendo las campañas, prefiero no comentarlas pro aquí.

      • Natalia dice:

        Hola de nuevo, Roi:
        (Parece que estamos monopolizando el debate, a ver si se une alguien más a esta emocionante “riña” ;)).

        Tienes razón en que este debate merece “más y mejor”. Haremos lo posible porque así sea.

        Pero no puedo evitar subrayar algunas cosas (en la mayoría de las veces estamos de acuerdo y por eso no quiero que esto se convierta en un eco repetitivo).

        Las analogías que planteas (si finalmente te he entendido, que creo que andaba yo descaminada), y haciendo una libre transposición de tu propio comentario, se refieren, por ejemplo, a que el micromecenazgo no va a acabar con la financiación pública. Acepto la analogía, pues. Son totalmente coexistentes.

        Yo no he dicho que el micromecenazgo sea excusa para reducir presupuestos. Digo que a la política del actual gobierno le viene estupendo que surjan, precisamente en situaciones de crisis, este tipo de iniciativas. Hasta el punto de utilizarlas desde instituciones públicas. No se trata de buscar evidencias científicas causales, sino de preguntarnos si, de no haber recortado los presupuestos hasta límites vergonzosos, nos habría sentado tan mal este tipo de actividad recaudatoria.

        Por otro lado, a los ciudadanos se les implica ya (hay campañas europeas) en decidir hacia dónde quieren que vaya la ciencia. De nuevo, razón tienes. Pero (y es un pero muy grande) yo voy a hilar muchísimo más fino: no hablamos de áreas de investigación, no hablamos de a qué campos destinar esos fondos, sino de proyectos concretos. La ciencia es un entresijo que debemos explicar y dar a conocer: eso está en manos de los investigadores y de la divulgación (aún en pañales, pero creciendo). Pero decidir si vas a dar fondos a un proyecto de “Discos de acreción”, “Redes de interacción genética” o “Sociología analítica”, es algo que va más allá de cualquier ciudadan@ (entre las que me incluyo). Para eso están las elecciones: para elegir a quienes van a seleccionar a especialistas que decidan por ti. Es cierto que es necesaria más participación ciudadana, pero hasta que no estemos más formados y nuestra cultura científica no haya crecido, no estaremos en disposición de tomar ciertas decisiones. Es más, puede resultar hasta peligroso. La ciencia básica, por ejemplo (e insisto en lo importante que es esto), no puede “venderse” tan bien como la aplicada. Puede que la solución pase por aprender, comunicar y, luego, combinar la visión de los ciudadanos con la de los expertos.

        La cuestión es aprender a amar la ciencia y, como alguien dijo una vez, “no se ama lo que no se conoce”.
        N.

  17. Dilect@s colegas:

    Muy tarde, y agradeciendo tanto a los iniciadores de este hilo como a quienes estáis aportando datos y perspectivas, me sumo a la discusión con una pregunta que se me suscita siempre que se analiza la financiación del trabajo científico. Permitidme, antes de plantearla, sugerir una “cuestión de orden”: ¿por ciencia se entiende cualquier disciplina que empleé el método científico con rigor o sólo las denominadas ciencias físiconaturales junto con sus aplicaciones técnicas e ingenieriles? Dicho lo cual, ahí va mi interrogante, que expongo centrándome en el caso estadounidense, pero que, sin duda, puede generalizarse a cualquier otro país o conjunto de países: ¿Se sabe cuánto dinero, y cuán precisa es esta cifra, destina EEUU a la investigación científica con objetivos militares? ¿Cuánto dinero y a qué proyectos lo destinan los mecenas privados estadounidenses (se entienden por mecenas privado cualquier persona física o jurídica que nada tenga que ver con el erario y, por tanto, habrá que descontar los beneficios fiscales asociados a ese mecenazgo que habría que sumar a la inversión pública)?

    Salud

 

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