Hace un mes, desde la web de Divulgadores, me preguntaron cómo me inicié en el periodismo científico. Todo surgió porque mi hija comenzó a hacerme preguntas cada vez más complejas que me hacían preguntarme a mí mismo cómo sabemos ciertas cosas. Pasó el tiempo y decidí escribir decenas de respuestas a las preguntas que me planteaba. Y he recordado una que me parece interesante volcar aquí: ¿Cómo sabemos que  el plutonio pierde su radiactividad a los 240.000 años?
Este elemento fue sintetizado por primera vez en 1940 en los laboratorio de la Universidad de California Berkeley por Glenn Seaborg y Edwin McMillan (más tarde se encontraron pequeñas cantidades en la naturaleza).
Hace 240.000 años (años más, años menos) el hombre de Neandertal daba sus primeros pasos, el homo sapiens era un sueño y los científicos aseguran que si el homínido de entonces, hubiera bombardeado uranio con deuterio (así se “crea” el plutonio), hoy ya no sería radiactivo? Pues parece que sí.
La radiactividad es una propiedad física de ciertos elementos; la emisión de radiaciones. Las hay “buenas”, como las que permiten impresionar placas fotográficas, las hay complejas, como los rayos X y las hay de respetar, como las del plutonio.

Plutonio puro

Los científicos recurren a unos complicados cálculos que les permiten saber el tiempo necesario para que la mitad de los núcleos de una sustancia radiactiva se desintegren. Esto se conoce como período de semidesintegración o semivida. Estos cálculos utilizan la cantidad inicial de núcleos, el número de núcleos después de un tiempo determinado y la constante de desintegración para alcanzar una aproximación. Así obtienen un valor probable que es el momento en el cual quedan la mitad de los núcleos del valor inicial.

La semivida del plutonio-238 es 87.7 años y la del plutonio-239 es 24,100 años…aproximadamente. Pero esto no quiere decir que en el doble de ese periodo (48.000 años para el plutonio 239) estos elementos hayan perdido toda su radiactividad. En ese tiempo solo habrán perdido la mitad del 50% de su radiactividad, es decir el 25%. Es importante dejar claro tres cosas: los elementos radiactivos como el plutonio no dejan nunca de ser radiactivos. Lo que ocurre es que con el tiempo se desintegran y prácticamente desaparecen. Segundo, el plutonio emite partículas alfa, sólo peligrosas si se ingieren o inhalan, pero, tercero, eso no significa que amasar plutonio sea saludable.

Lo interesante es que estos cálculos, realizados en sentido inverso tienen una aplicación sorprendente y muy habitual: el carbono 14. Este elemento se utiliza para determinar la antigüedad de fósiles animales o restos de diferentes culturas. ¿ Cómo se hace? Muy simple… bueno, no tanto, pero seguidme la corriente. Los neutrones producidos por la radiación cósmica reaccionan con el nitrógeno de la atmósfera a grandes altitudes sobre la superficie de la Tierra y forman el isótopo radiactivo carbono 14. Este, a su vez, reacciona con el oxígeno de la atmósfera para formar el bióxido de carbono 14, que se mezcla uniformemente con el bióxido de carbono existente en la atmósfera y es asimilado por las plantas primero y luego por el resto de los organismos vivos (recordáis el resultado de la fotosíntesis? Pues eso.). Cuando el organismo, cualquiera sea, muere, deja de asimilar carbono 14 y este va decayendo de acuerdo con los cálculos antes mencionados. Así se puede saber la  antigüedad de un restos orgánico.

Aquí podría comenzar una nueva serie que explique cómo la ciencia, a partir de experimentos y pruebas, señala cómo ocurre aquello que no podemos ver. Pero sí probar.

¿Cómo sabemos…lo que sabemos?

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