El día en que los científicos (y científicas) irrumpieron en la arena pública

La siempre sabia María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, decía hace apenas unos días en EL PAÍS “La pandemia de covid-19 parece haber pillado por sorpresa a los países, a las economías y a los sistemas sanitarios, pero no a los científicos”. Ciertamente, no es casual que, a las pocas semanas desde los primeros casos, se conociese ya la causa, se secuenciase el genoma del SARS-Cov-2, se pudiese disponer de un registro de enfermos y muertes, con actualizaciones diarias, e incluso se comenzasen a hacer predicciones matemáticas sobre los posibles escenarios futuros. Tampoco es fruto de la improvisación la consiguiente puesta en marcha de miles de investigaciones en todo el mundo, la mayor parte en colaboración internacional, para conocer más sobre la pandemia e intentar llegar al mejor de los remedios. 

Para poder llegar a este nivel de actividad y conocimiento es necesario que exista previamente una máquina potente y en continuo funcionamiento. La máquina de la ciencia la hacen mover cientos de miles de investigadores en todo el mundo trabajando en las innumerables ramas del conocimiento científico, compartiendo sus métodos y resultados en plataformas universales, discutiendo abiertamente sobre el significado de uno u otro hallazgo, rechazando todo aquello que no supera la prueba de la experimentación y buscando, en definitiva, la mayor evidencia que permita hacer afirmaciones o recomendaciones. En este caso, recomendaciones acerca de cómo salir de este infierno de pandemia.

La cuestión es que estamos acostumbrados a que la máquina de la ciencia, con todos sus procesos y debates internos, funcione como un reloj, pero sin ser demasiado visible al ojo humano (salvo al de los investigadores y los que nos dedicamos a la comunicación científica). De hecho, los medios de comunicación suelen estar poco interesados por las noticias científicas, pues siempre parece haber algo más importante (un buen partido de futbol, por ejemplo). Pero de repente, nos hemos encontrado con que la maquinaria científica se ha expuesto ante el público con una omnipresencia aplastante y, de la noche a la mañana, la arena pública se ha llenado de unos entes hasta ahora poco conocidos fuera de su entorno: los científicos (o científicas, por supuesto). 

¿Quiénes son estos nuevos entes mediáticos llamados científicos y qué tienen de especial para que les dediquemos este post? 

Por una parte, se trata de profesionales cuyo trabajo es imprescindible para poder entender e intentar salir de esta pandemia lo menos peor parados que podamos. Individuos que se han formado durante años para poder ejercer, que pasan pruebas cada vez más duras para conseguir trabajar en universidades y centros de investigación, que tienen que viajar fuera del país para formarse con los grupos internacionales más punteros, que tienen jornadas de trabajo interminables, condiciones laborales inestables y salarios muy por debajo de lo que sería razonable dados su esfuerzo, su preparación y la relevancia de su trabajo. Es lógico, por tanto, que haya quien piense que más que de científicos, deberíamos hablar de superhéroes

Percepción A: Científico = superhéroe o ser con poderes sobrenaturales que nunca se equivoca, que lo sabe todo, que va a crear una vacuna mañana y que nos va a salvar de este virus y no solo de éste sino de todos los que puedan venir en un futuro, incluyendo a las bacterias y otros peligros.

Pero resulta que además de profesionales son también personas de carne y hueso, ni más guapos ni más feos que cualquier tertuliano sin ningún tipo de conocimiento frente al que se les quiera hacer discutir. Y ya que son personas y además pueden tener incluso ideologías políticas o creencias religiosas, hay quien también aprovecha para arremeter contra ellos y con esa excusa poner en duda sus afirmaciones.

Percepción B: Científico = persona cuyas afirmaciones científicas valen igual que la de cualquier otra, aunque esta otra no tenga idea de qué habla; persona que si corrige una estimación que hizo ayer porque se han encontrado pruebas en contra me va a provocar una pérdida súbita de la confianza en la ciencia y en cualquier recomendación que venga de ésta (mejor creer en algún gurú o en un líder de opinión que tenga mi misma ideología).

No hay datos suficientes para saber si en España somos ahora más de percepción A o de percepción B (tradicionalmente, siempre hemos tenido confianza en los científicos). Yo, particularmente, creo que a pesar de que los extremos son muy ruidosos, no representan al conjunto de la sociedad. La gente corriente me ha demostrado (y he visto también cómo eso se constata en estudios de percepción) tener más sentido común de lo que a veces le atribuimos. De todos modos, para saber qué impacto nos deja la COVID-19 en cuanto a confianza en la ciencia habrá que remitirse a ésta. Hasta que no tengamos los resultados de los cientos de estudios de opinión que se están llevando a cabo, cualquier cosa que aseguremos será pura conjetura. De momento, os recomiendo leer el artículo de SINC del 15 de mayo “El coronavirus baja a la ciencia de su pedestal, ¿habrá una crisis de confianza?”. Nuestro compañero Sergio Ferrer explora numerosas fuentes y estudios de Italia, Alemania y España.  Parece que a un grupo de personas esta pandemia les está haciendo perder confianza en la ciencia, mientras que, a otras, probablemente les ha hecho valorar más a ésta. La respuesta definitiva al título de su artículo aún no la tenemos. 

Simón, Fauci, Trilla, Mitjà, Irigoyen, Enjuanes, Del Val… algunos expertos en COVID-19 se han hecho tan famosos que hasta se venden camisetas con su cara o se han comercializado muñecos cabezones, tal como explica Rodrigo Terrassa en el inquietante pero interesante reportaje El futuro en manos de los científicos (El Mundo, 17 de mayo). Sea como sea, al salir a escena la ciencia y hacerlo con tanta presencia hemos descubierto (¡ya era hora!) que no es omnipotente ni mágica. Que a veces, muchas veces, se elige un camino pensando que por ahí se va a llegar a la solución de un problema, pero luego se tiene que rectificar si no se obtienen los resultados esperados, volver a tomar otro camino, volver a rectificar… Como dice nuestra compañera y juntera Elena Sanz “Nadie espera que Nadal haga todos los sets con el marcador del adversario en blanco”. Pero si los científicos pierden algún set contra el SARS-COV-2, ¿dejan de ser nuestros héroes o dejamos de confiar en ellos? El genial @ALymphsLife lo resume en comics llenos de humor en un #hiloilustrado.

En el artículo de Rodrigo Terrassa se explica también que algunos políticos han utilizado la información que más les convenía para argumentar en su favor. Coincido en que se ha politizado mucha información procedente de datos científicos, pero ¿se han politizado los científicos?  Sinceramente, creo si un científico se siente tan fascinado por su protagonismo político y mediático como para manipular la información o presentarla de manera que apoye una política, en dos días su carrera profesional se acaba. No conozco a ninguno – al menos a ninguno al que se pueda llamar realmente “científico” – capaz de tirar su carrera por la borda a cambio de presencia mediática. Los propios sistemas de revisión entre pares de los que se ha dotado la comunidad científica en seguida señalan con el dedo a quienes manipulan datos o cometen fraude. 

Dos preguntas últimas: 

  • 1. ¿Podemos hacer algo desde la comunicación científica para que la presencia de la ciencia y los científicos en escena sea bien interpretada? Sin duda debemos mostrar más a menudo las luces y las sombras, reducir un poco el tono triunfalista de la ciencia espectáculo y omnipotente, algo muy común especialmente en la comunicación sobre investigaciones biomédicas y del entorno sanitario, en las que cada año curamos el cáncer y el Alzheimer varias veces. Entonar un poco el mea culpa nunca va mal.
  • 2. ¿Qué podemos pedir a nuestros líderes políticos y de opinión? Más interés por saber cómo funciona eso a lo que denominamos ciencia y cómo trabajan esos seres desconocidos llamados científicos (o científicas-por-supuesto). 
Escrito por:

Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad (Universidad Pompeu Fabra) / Directora

2 Comments

  1. Una vez más queda demostrado aquello que venian advirtiendo los científicos desde hace muchos años y era y es el hecho de que con los recursos que se venían volcando a la investigación y la contención de epidemias, eran y son absolutamente insuficientes. Ellos ya venían advirtiendo hace más de 10 años de que en caso de una pandemia, el tiempo de producción de una vacuna iba a ser tan largo, que en el proceso iban a morir decenas de miles de personas.

  2. Muy interesantes reflexiones. Totalmente de acuerdo. Gracias por este artículo!

 

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