El efecto horizonte

Todos conocemos el efecto horizonte, que consiste en que, a  medida que caminamos hacia el horizonte, este se aleja. En la ciencia, a veces parece que también se aplica este efecto. Veamos algunos ejemplos:

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  • Biología sintética: En 1960 se predecía que hacia 1970 sería posible fabricar células vivas en el laboratorio. En 2015, Craig Venter (1) lo veía factible hacia 2030. Es verdad que hemos avanzado mucho, que se han dado pasos de gigante, pero el objetivo final parece estar siempre a la misma distancia, o incluso un poco más lejos que antes. Por otra parte, el origen de la vida sigue siendo un misterio. El ser más sencillo capaz de hacer vida independiente (Mycoplasma genitalium) es enormemente complicado y está a años-luz del hipotético primer ser vivo.
  • La lucha contra el cáncer: También en este campo se han producido avances muy importantes. Padecer un cáncer ya no equivale a una condena a muerte. Muchos enfermos se curan. Pero el triunfo definitivo sobre esta enfermedad, que los medios de comunicación e incluso los científicos anuncian a menudo como inminente, se va alejando a medida que pasa el tiempo. Basta ver las estadísticas y las necrológicas de los periódicos para comprobar que mucha gente sigue muriendo de cáncer, a veces en edades bastante tempranas.

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  • La energía nuclear de fusión: En 1960, Arthur Clarke pronosticó que esta forma de obtener energía estaría disponible hacia 1980. En 1980, los importantes avances realizados en reactores Tokamak y por medio de confinamiento con láser hicieron prever que quizá se consiguiera para el año 2000. Actualmente ya nadie se molesta en predecir una fecha: la fusión nuclear está resultando mucho más difícil de controlar de lo que se creía.
  • La inteligencia artificial: Me refiero aquí, no a lo que usualmente se llama así (cualquier sistema programado capaz de tomar decisiones), sino a la construcción de seres artificiales comparables a los humanos en la inteligencia y la capacidad de auto-consciencia. En 1956, cuando se inventó el término, se predijo que se alcanzaría en poco más de diez años. En 1990, Ray Kurzweil (2) afirmó que estaría a nuestro alcance en diez años más. En 1999, el mismo autor (3) estimó que quizá la conseguiríamos para 2010. Actualmente la ve factible para 2030 o 2035.
  • La teoría del todo: A finales del siglo XIX se puso de moda afirmar que la física ya había descubierto todo lo que se podía descubrir. Tan sólo quedaban dos pequeños fenómenos por explicar: el resultado negativo del experimento de Michelson-Morley y la radiación del cuerpo negro. En cuanto se consiguiera, la teoría física quedaría cerrada. Entre 1890 y 1905, el descubrimiento de la radiactividad, la teoría cuántica y la teoría de la relatividad revolucionaron esta ciencia y abrieron de nuevo campos amplísimos de investigación. Hacia 1990 se volvió a decir que ya estábamos a punto de saberlo todo: con un pequeño impulso (la teoría de cuerdas parecía muy prometedora) la física habría explicado todo lo que podemos ver del universo. En la actualidad, con el descubrimiento de la materia y la energía oscura (que no se sabe lo que son) y el fracaso de la teoría de cuerdas, la teoría del todo parece haberse alejado indefinidamente. Por otra parte, existen razones para pensar que quizá sea imposible formular una teoría así.

En los ejemplos anteriores, el efecto horizonte es inconfundible. Esto no significa que nunca seremos capaces de resolver todos estos problemas, pero sí deberíamos ser más prudentes y no lanzar las campanas al vuelo cada vez que se realiza algún pequeño avance. Si se me pide que me arriesgue a hacer una predicción, yo diría que, si alguno de los problemas mencionados tiene solución, no me parece muy probable que se encuentre durante el siglo XXI. Habrá que ver si nuestra civilización científica resiste hasta el siglo XXII. Pero esa es otra historia.

(1)   Craig Venter, Life at the speed of Light, 2015.

(2)   Ray Kurzweil, The age of intelligent machines, 1990.

(3)   Ray Kurzweil, The age of spiritual machines, 1999.

 

Escrito por:

Universidad Autónoma de Madrid

 

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