Ideología y desprecio a la ciencia

Que los políticos españoles desprecian la ciencia es evidente. No lo demuestran sólo los recortes presupuestarios que han merecido la crítica de revistas internacionales de la mayor importancia científica (*), sino el hecho de que 350 personas, muchas de ellas ignorantes que ni siquiera saben lo que es el CO2 (**) se arroguen el derecho a decidir por mayoría sobre la verdad científica o sobre la definición del bien y del mal.

Es un hecho indiscutible que la vida de un ser humano individualmente único comienza en el instante de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide. A pesar de lo que digan ciertos políticos, no existen discrepancias en el mundo científico respecto a esta cuestión. Hace exactamente un año se publicó el “Manifiesto de Madrid”, firmado por más de mil intelectuales, catedráticos, científicos y académicos, que denunciaba las mentiras de los políticos al respecto. Así pues, ni siquiera les queda el recurso de aducir ignorancia.

Tampoco es de recibo la desfachatez con que se aprueba una ley que proclama el derecho al aborto a sabiendas de que es claramente inconstitucional (como han señalado numerosas instancias jurídicas, aunque no hace falta ser experto en leyes para comprobarlo), con la esperanza de que el tribunal constitucional no se atreva a enmendar la plana al gobierno declarando su ilegalidad, ya que está bloqueado y mediatizado políticamente, como demuestran casos bien conocidos.

¿El resultado? Un paso atrás en la defensa de los derechos humanos. Volvemos a la Edad Media, cuando los padres tenían derecho de vida y muerte sobre sus hijos (ahora se les concede ese derecho a las madres). Volvemos a las épocas esclavistas, cuando unos seres humanos (los amos) tenían derecho de vida y muerte sobre otros (sus esclavos). ¿Es esto lo que llaman progreso?

Cuando en un estado norteamericano se aprueba una ley que impone a los colegios la prohibición de enseñar la teoría de la evolución en las escuelas, o la obligación de ofrecer como alternativa la creación del mundo en seis días, o cualquier otra opción no científica, los científicos protestamos, y es correcto que lo hagamos. Gracias a eso, todas estas leyes han sido derogadas por instancias superiores más pronto o más tarde. Nuestra profesión nos obliga a defender la verdad científica contra todas las imposiciones ideológicas, sean del signo que sean.

Un parlamento se extralimita en sus funciones si retira el derecho a la vida a un colectivo cualquiera, o si se inmiscuye en cuestiones científicas que no le competen, como la definición de qué es un ser humano. Cualquier día se plantearán la derogación de la mecánica cuántica o de la teoría de la relatividad. Estos big brothers hasta se creen con derecho a prohibirnos fotografiar a nuestros hijos en un centro comercial. (***)

Un solo error flagrante desacredita a un gobierno, como pasó en Atenas con la condena de Sócrates, que desprestigió para siempre a la democracia ateniense. Este gobierno y este parlamento podrían pasar a la historia por razones opuestas a las que ellos suponen.

(*) “Crítica a los recortes en I+D en ‘Science’”, http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Critica/recortes/I/D/Science/elpepusoc/20100226elpepusoc_6/Tes

(**) Alex Fernández Muerza, https://www.aecomunicacioncientifica.org/es/el-blog-de-la-aecc/27368-los-politicos-no-saben-que-es-el-co2.html

(***) “UK father stopped from taking picture of his son”,

Ideología y desprecio a la ciencia
Manuel Alfonseca Moreno

Alfonseca Moreno, Manuel

Véase https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Alfonseca_Moreno Más información en http://www.linkedin.com/profile/view?id=118073984&trk=nav_responsive_tab_profile

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