¿Existe vocación científica?

Desde que imparto clases en la Universidad, cada curso académico indago entre el alumnado por qué han elegido estudios de Comunicación. La mayoría de los estudiantes se sienten bastante atraídos por el mundo del audiovisual. Muchos de ellos, piensan que cuando concluyan su carrera trabajarán como guionistas en programas de entretenimiento. Consideran que el mundo de la Comunicación es atractivo, que está bien pagado (desconocen los datos de los ingresos de los recién licenciados) y además que transforma a los profesionales en seres muy visibles en la sociedad. Igualmente pregunto a mis alumnos de las distintas asignaturas que imparto en Máster y Posgrados de Comunicación Científica sobre la imagen que tienen de la ciencia y de los científicos. Ellos concluyen -como la mayoría de los españoles- que la imagen de los científicos es positiva, tal y como vienen recogiendo las distintas encuestas que ha realizado la FECYT sobre percepción social de la ciencia en España, en 2002, 2004 y 2006. Los científicos y los médicos siempre tienen una imagen favorable ante la ciudadanía ante preguntas concretas en los estudios de opinión pública. Las preguntas que tienen que ver con la valoración de las profesiones siempre sitúan a los científicos en una posición excelente, en relación con las demás que se plantean.

Otra cuestión interesante para una reflexión poliédrica es la valoración del resultado del análisis del imaginario colectivo en el que en los estudios realizados con escolares de edades comprendidas entre 8 y 10 años de Italia y de Brasil  relacionan la actividad del científico con un trabajo que pone a la población en riesgo constante. Los escolares dibujan a los científicos rodeados de explosiones, bombas y todo el Planeta lleno de centrales nucleares y de aviones desprendiendo bombas. Estos estudios proporcionan una clave curiosa porque revelan que los niños vinculan la ciencia con aplicaciones tecnológicas concretas cuya imagen no contribuye al avance de la ciencia, ni al progreso científico.  En esa segunda fase de la infancia, los escolares empiezan a optar por unos itinerarios u otros, en función de su vocación. Es probable que alguno de los estudiantes que ha dibujado a un científico loco, termine estudiando una carrera de ciencias; la verdad, mucha disociación cognitiva contemplo para tal hazaña, pero podría ser posible, aunque poco probable. Sin embargo, en España para los estudiantes, una vez superadas las etapas de la educación obligatoria, no supone ningún atractivo elegir una carrera de “ciencias”. Piensan que el esfuerzo dedicado durante los años de la universidad no se ve compensado económicamente, ni tampoco con una gran relevancia social. En los informativos no aparecen científicos, sólo políticos y deportistas. Símbolos del éxito social y económico. Un grupo de estudiantes me decía que para qué se va a estudiar Biología o Físicas para luego terminar impartiendo clases en Secundaria a estudiantes que no tienen interés. Mi propuesta era que podían tener vocación científica e intentar optar por la vía de la investigación. Y ellos consideraron que eso era demasiado tiempo y esfuerzo hasta conseguir ubicarse en un centro de investigación público. La opción privada ni la llegaron a considerar.

            Entre los jóvenes, estos últimos años de especulación inmobiliaria ha dejado huella (el mensaje es que el valor del esfuerzo es nulo), porque comprando un piso por 300.000 euros hace seis años y vendiéndolo por 600.000 hace dos años (porque ahora no existe esa posibilidad), obtendríamos unas ganancias que serían equivalentes a la inversión realizada. Este tipo de negocios que se ha estado gestando durante la última década no necesitaba de individuos con vocación de nada, sólo el impulso y el ímpetu de vivir lo mejor posible. Ahora, todo ese castillo de naipes se ha desmoronado y parecen aflorar otras cuestiones en las agendas de los medios que son importantes para el futuro de la Humanidad: el hambre, la desertización, las epidemias, los malos tratos, los conflictos bélicos…etc. Es posible que en la próxima década, en algunos jóvenes concienciados con su entorno ambiental germine la vocación científica y decidan que el trabajo de científico, a pesar del contexto en el que se desarrolla, es útil, importante, relevante y necesario para la sociedad. ¿Hay alguien ahí?

Escrito por:

Catedrática de Periodismo de la Universidad de Valencia

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