La comunicación científica ha cambiado. Eso nadie lo puede dudar. Sobre todo después de darse un paseo por internet y descubrir la gran cantidad de páginas web dedicadas a la divulgación y comunicación de trabajos e investigaciones científicas.
Al igual que ha ocurrido con la prensa escrita, el desarrollo de la red de redes en los últimos años ha hecho perder cuotas de mercado a las publicaciones científicas tradicionales. Aunque no he sido lector habitual de ellas, pues no me dedico a la ciencia de lleno, sí que he podido encontrar en internet algunas informaciones al respecto que paso a comentar.
Las publicaciones especializadas en medicina, por ejemplo, resultan muy caras para las bibliotecas universitarias según leo en un artículo del 30 de diciembre de 2008 de la bibliotecaria de la Universidad de Sevilla Nieves González, artículo encontrado en bibliotecarios2-0.blogspot.com.

 

Las bibliotecas sufren el elevado coste que conlleva recurrir al monopolio de ciertas publicaciones científicas sin competencia.

Al existir relativamente pocas revistas centradas en esta ciencia apenas hay competencia, se crea el monopolio y su adquisición mediante suscripción eleva los presupuestos de cualquier responsable biblioteconómico, que como es habitual buscará al fin y al cabo la cantidad más que la calidad, no siempre, pero sí en muchos casos. Por otra parte, el constante incremento de portales en internet dedicados a la medicina (y otras ciencias) de algún modo -obviando la calidad que ofrezcan y su veracidad, menguan la cuenta de resultados de las publicaciones tradicionales en papel. Ejemplo de estas páginas web son las wikipedias, a las que hay que acudir con cierta precaución, todo sea dicho.
Otro factor que aporta su grano de arena a la importante crisis que sufren las publicaciones científicas es el de la distribución. La gran demora que las empresas distribuidoras generan por su falta de compromiso con el lector y puntualidad (una vez más por causa de los monopolios), hace inviable que una noticia de actualidad cumpla su papel, pues cuando llega al lector probablemente en internet esa misma noticia y ampliada haya dado la vuelta al mundo tres veces o un periódico más o menos sensible con la actualidad científica la habrá reflejado en negro sobre blanco.
Por otra parte, el hecho de permitir que las empresas distribuidoras empleen criterios de distribución basados en ‘número de ejemplares a repartir’ en lugar de cumplir con los plazos de publicación de las revistas juega para su desgracia en contra de ellos. No es viable que una publicación mensual científica comercial llegue a los kioskos (por poner un ejemplo) más allá del día cinco de cada mes cuando, al contrario, el día uno debería estar ya a la venta. Una vez más, encontramos otro elemento que pone en jaque a las publicaciones científicas tradicionales  y cito un artículo de Jesús Alberto Andrade de la Universidad de Zulia (Venezuela) escrito en www.scielo.org.ve, para quien esta crisis en las publicaciones científicas viene arrastrándose desde la década de los años 80 del pasado siglo.
Desde mi punto de vista, el futuro de las publicaciones científicas pasa por la distribución por internet. Indudablemente.


Hoy en día pocos lectores de libros digitales están adaptados a los contenidos de las revistas, pero irán apareciendo.

La posibilidad de que un autor inserte su artículo en un portal y que acto seguido otro investigador lo pueda consultar es escalofriante. Eso sí, las suscripciones a las páginas con estos contenidos pueden ser de pago sin que al cliente que verdaderamente le merezca la pena le acarree un importante desembolso. En todo caso, darse de alta en un portal de este tipo nunca alcanzará el coste (tanto en tiempo como económico) como el de una publicación habitual. Bueno, esto es algo que ya se está haciendo.
En poco tiempo espero que podamos ver como los libros electrónicos bajan de precio considerablemente y, seguramente, sus sistemas operativos se adaptarán mejor a las publicaciones para mostrarnos los contenidos propios de las revistas (imágenes, gráficas, tablas, etc) y no tan sólo como ocurre hasta ahora sólo caracteres. Estos ingenios en la actualidad rondan los 250-400 euros y en cuanto bajen de precio empezarán a entrar en las oficinas, despachos y hogares facilitando la lectura de las revistas electrónicas prescindiendo del duro sector distribuidor.
Aunque muchas editoriales son reacias todavía a este tipo de tecnologías, si bien es cierto, como se pudo comprobar en la última Feria del Libro de Madrid, editoriales españolas como Equipo Sirius -propietaria de la veterana revista AstronomíA, empiezan a apostar por ellos, a fuer de aguantar las críticas de los tradicionalistas vendedores del tomo y lomo.
Por cierto, para terminar, aprovecho para felicitar a Equipo Sirius por sus 25 años de servicio a la comunidad astronómica de habla hispana.
A falta de unas horas para que comience la primavera, nos vemos en el mes de abril.

Manuel Rodríguez de Viguri Fernández

La crisis en las publicaciones periódicas científicas pasa por internet
Manuel Emilio Rodríguez De Viguri Fernández

Rodríguez De Viguri Fernández, Manuel Emilio

Presento y dirijo el programa de radio El Cinturón de Orión desde Radio San Vicente, 95.2 FM (Alicante). Divulgando la ciencia y la astronomía entre nuestros oyentes desde 2008.

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