La ley de Hubble-Lemaître

Hagamos un poco de historia.

En diversos lugares del cielo, pero especialmente en la constelación de Cefeo, donde se descubrió la primera, existen estrellas cuya intensidad luminosa varía regularmente y que por ello se llaman cefeidas variables. En 1908, la astrónoma estadounidense Henrietta Swan Leavitt descubrió que el período de variación de estas estrellas está ligado con su luminosidad real. Cuanto mayor es ésta, más largo es el período. Por lo tanto, midiendo el periodo, se puede deducir su luminosidad real.

En 1913, el astrónomo estadounidense Vesto Melvin Slipher obtuvo el espectro de la entonces llamada nebulosa de Andrómeda (la galaxia gigante más próxima a la nuestra) y descubrió un corrimiento hacia el azul que indicaba (según el efecto Doppler) que la nebulosa se mueve hacia nosotros con una velocidad de unos 300 kilómetros por segundo, mucho mayor de lo que se esperaba. Slipher estudió entonces la luz de otras nebulosas espirales e hizo el inesperado descubrimiento de que la mayor parte de ellas, al revés que la de Andrómeda, presentan corrimientos hacia el rojo, es decir, se alejan del sistema solar con enorme rapidez, pues encontró velocidades de más de 1000 kilómetros por segundo.

Edwin Hubble

En 1919, el astrónomo estadounidense Edwin Powell Hubble utilizó el telescopio de Monte Wilson para fotografiar varias nebulosas espirales, entre ellas la de Andrómeda, y demostró que, en realidad, no eran nebulosas, como se creía, sino gigantescas agrupaciones de estrellas. A partir de entonces ya no se les llamó nebulosas, sino galaxias, en honor de nuestra Vía Láctea, que también pertenece a la clase de las galaxias espirales. Galactos, en griego, significa leche.

El interés de Hubble por la galaxia de Andrómeda no se limitó a esto. Quiso también calcular la distancia que la separa de nosotros. Para conseguirlo, se apoyó en el descubrimiento de Leavitt sobre las estrellas cefeidas. Algunas estrellas cefeidas son muy brillantes, y Hubble localizó unas cuarenta en las fotografías de dicha galaxia. Después de medir su período de variación, aplicó la relación de Leavitt para obtener su luminosidad real. De la comparación de ésta con la luminosidad aparente se puede deducir la distancia, pues la luminosidad aparente de un objeto disminuye en razón inversa del cuadrado de la distancia. Así llegó a la conclusión de que la galaxia de Andrómeda estaba a un millón de años-luz de nosotros.

El problema es que existen varias clases de estrellas cefeidas, cada clase con una relación de Leavitt diferente, y Hubble no aplicó la relación correcta, por lo que su cálculo de la distancia de la galaxia de Andrómeda resultó erróneo. La distancia correcta es más del doble de la que él obtuvo.

Georges Lemaître

En 1927, el sacerdote y astrónomo belga Georges Lemaître descubrió la ley de Hubble, que dice esto: Cuanto más lejos está una galaxia, más aprisa se aleja de nosotros. Dicho de otra forma: el universo se encuentra en estado de expansión. Lemaître publicó su descubrimiento en francés,  en una revista de poco impacto (Annales de la Société Scientifique de Bruxelles), por lo que muchos astrónomos no se enteraron de ello. En 1929, Hubble descubrió la misma ley, y la publicó en inglés en los Proceedings of the National Academy of Sciences, recibió mucha más publicidad y su nombre quedó asociado al descubrimiento. Desde entonces, esta ley tan importante, de la que depende enormemente la cosmología moderna, se ha venido llamando ley de Hubble.

Este nombre (ley de Hubble) era una injusticia histórica. En la ciencia se utiliza el criterio de que el primer descubridor de una ley (o de cualquier otro hallazgo) le presta su nombre. Hay un caso paradigmático muy parecido en la historia de la biología. El fraile agustino austro-húngaro Gregor Mendel descubrió en 1865 las leyes de la herencia y las publicó en un artículo titulado Investigación sobre los híbridos de las plantas (Versuche über Pflanzenhybriden) que se publicó en alemán en las actas de la Sociedad de Historia Natural de Brünn (Brno). El artículo pasó desapercibido.

En 1900, dieciséis años después de la muerte de Mendel, tres botánicos de diversos países (Hugo de Vries, holandés; Karl Correns, alemán; y Erich Tschermak, austriaco), en el curso de sus investigaciones, volvieron a descubrir independientemente las leyes de Mendel. Los tres buscaron en la literatura científica, encontraron el artículo del fraile agustino y reconocieron su prioridad. Con treinta y cinco años de retraso, el mundo científico apreció la importancia de los descubrimientos de Gregor Mendel. Las leyes de la herencia se llaman desde entonces Leyes de Mendel.

En agosto de 2018, durante su XXX Asamblea General en Viena, la International Astronomical Union (IAU) decidió subsanar la injusticia y propuso que la Ley de Hubble debería llamarse a partir de ahora Ley de Hubble-Lemaître. La propuesta fue votada y aceptada por los miembros de la IAU durante el mes de octubre. El resultado de la votación se anunció el lunes 29 de octubre de 2018.

Hay que felicitarse por este intento de subsanar una injusticia histórica, pero mi opinión personal es que la ley debería llamarse Ley de Lemaître-Hubble, para dejar clara la prioridad y el orden de su doble descubrimiento.

Escrito por:

Universidad Autónoma de Madrid

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