Los nuevos centinelas de la Tierra

La teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico (1473-1543) nos hizo ver la Tierra con otros ojos: nuestro planeta dejó de ocupar el centro del universo. Cuatrocientos setenta y cuatro años después, somos casi 7.000 millones de personas más, consumimos los recursos naturales a un ritmo sin precedentes, y el cambio climático y la contaminación en sus múltiples formas amenazan nuestra propia existencia. En la actualidad, la Tierra vuelve a ocupar el centro de nuestras miradas, aunque ahora la miramos con preocupación. Cuanto más y mejor conozcamos todo lo que acontece en ella (en la atmósfera, en los océanos, en las regiones polares, en las montañas, en las selvas, en los desiertos, en los bosques…), mejor preparados estaremos para afrontar cualquier contingencia. Una flotilla de satélites de nueva generación será la encargada de proporcionarnos la información que necesitamos, bajo el paraguas de un ambicioso programa europeo de observación terrestre, que toma el nombre de aquel polaco universal que revolucionó nuestra visión del mundo.

El 31 de enero de 2017, varios socios de la AECC participamos en un viaje de prensa que, junto a una veintena de comunicadores científicos más, de varios países europeos, nos llevó a Reading (Inglaterra), para conocer de primera mano el ambicioso Programa Copernicus (http://www.copernicus.eu/). El principal mensaje que nos quiso transmitir el director de los Servicios Copernicus del ECMWF (Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo) –el ingeniero español Juan Garcés de Marcilla– es que la ingente cantidad de información que genera el Programa –a partir de los datos de los satélites Sentinel y de otras misiones espaciales europeas– son puestos a disposición de cualquier persona de forma abierta y gratuita. Cualquier ciudadano europeo tiene derecho a conocer cuál es la calidad del aire que respira o cómo le puede afectar el cambio climático. Esa es la razón de ser de Copernicus; un programa en el que participan algunas de los principales instituciones científicas y tecnológicas del viejo continente, aportando tanto sus infraestructuras como su larga experiencia en la observación terrestre desde el espacio. El viaje nos permitió conocer cómo funciona todo ese complejo engranaje, aparte de poner cara a sus principales responsables y de compartir buenos ratos, que tampoco faltaron.

Foto de los socios de AECC en el ECMWF (31-1-2017)
Ismael García, Sheila González, José Miguel Viñas, Mercedes Martín, Carmen Serrano, Enrique Sacristán y Mábel Angulo, todos socios de la AECC, en Reading, Inglaterra.

La agenda de trabajo del día 31 fue muy completa y, como era de esperar, fue cumpliéndose con puntualidad británica. A primera hora de la mañana nos dirigimos al Campus de Harwell y allí hicimos la primera parada en el ECSAT, que es el Centro de la Agencia Espacial Europea (ESA) encargado del desarrollo de las aplicaciones y los sistemas de telecomunicaciones de los ingenios espaciales europeos. El Director del Programa de Observación de la Tierra de la ESA –el austriaco Josef Aschbacher– nos explicó en qué consiste y qué lugar ocupa la componente espacial de Copernicus en el marco del Programa. La flotilla de satélites Sentinel (centinela) son la joya de la corona de Copernicus. En la actualidad hay 3 unidades en órbita –los Sentinel 1A y 1B (gemelos) y el 2A–, pero en 2017 se lanzará el siguiente –el 2B– y el calendario de lanzamientos se prolongará hasta el año 2030, estando previsto poner en órbita  una veintena larga de satélites. Serán los nuevos centinelas de la Tierra. Con sus “ojos” nuestra visión de la Tierra mejorará mucho y sacaremos provecho de ello.

Con los datos de alta resolución que envían los Sentinel actualmente en órbita, se están pudiendo desarrollar interesantes aplicaciones, alguna de las cuáles pudimos conocer durante la visita que hicimos a la sede de Catapult, también en Harwell, en lo que fue la segunda parada de la mañana. Desde allí fuimos caminando bajo la lluvia hasta el edificio del Rutherford Appleton Laboratory (RAL) donde testean los instrumentos de medida que llevan los satélites Sentinel. Nos explicaron, por ejemplo, cómo se llevan a cabo las calibraciones de los sensores de temperatura, aunque echamos en falta ver in situ alguna prueba de laboratorio con los técnicos que se encargan de dichas tareas.

La segunda parte de la jornada se desarrolló en Reading, en el Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo (ECMWF), cuyo superordenador –que tuvimos ocasión de ver– procesa la enorme cantidad de datos que proporcionan los Sentinel. En la Sala del Tiempo (Weather Room) nos dio la bienvenida Florence Rabier –actual Directora General del ECMWF–, quien recalcó la importancia del Programa Copernicus dentro de las actividades que llevan a cabo el Centro. El responsable de los productos de predicción del ECMWF –Timothy Hewson– expuso brevemente cómo se confeccionan las predicciones probabilísticas por conjuntos (ensembles) que diariamente generan allí. Los profesionales que nos dedicamos a la Meteorología en los medios de comunicación echamos en falta que gran parte de esos productos no sean de libre acceso, teniendo en cuenta que el modelo global del ECMWF es, objetivamente, el mejor del mundo.

Tras la intervención de Timothy Hewson, llegó el turno de Vincent-Henri Peuch y de Jean-Noël Thepaut, Jefes del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera y del de Cambio Climático de Copernicus, respectivamente. Ambas charlas, fueron muy didácticas y nos permitieron conocer las potencialidades del Programa y su indudable utilidad, por ejemplo, para el seguimiento de un episodio como el de los recientes incendios de Chile. Vincent-Henri Peuch mostró una secuencia de imágenes de Sentinel en la que se observaba con nitidez la evolución que habían tomado lo gigantescos penachos de humo y su interacción con la dinámica atmosférica.

La última actividad del día se desarrolló en la Sala del Consejo del ECMWF, donde nos reunimos todos los comunicadores científicos con el staff de Copernicus. Tomó la palabra Juan Garcés de Marcilla, quien nos invitó a difundir las bondades del Programa Copernicus, insistiendo en el acceso abierto a los datos. Terminada su intervención, se abrió un turno de preguntas, al término del cual concluyó la jornada. La complejidad de Copernicus es grande, por todos los agentes que hay implicados y las interrelaciones entre ellos, pero la sensación que nos quedó a los socios de AECC, una vez que recibimos toda la avalancha de información, es que todo está muy bien pensado y planificado. Copernicus es un programa sólido cuya continuidad está garantizada por la voluntad decidida de los países europeos por ofrecer la mejor información posible a los ciudadanos sobre el sistema terrestre.

La experiencia fue positiva. Los comunicadores españoles sacamos provecho de este viaje de prensa que pudimos hacer gracias a la AECC. Aparte de las actividades programadas, la primera noche se organizó una cena sólo de españoles a la que asistieron varios de los que trabajan en el ECMWF, incluido Juan Garcés, que repitió con algunos de nosotros la segunda noche. Tuvimos la oportunidad de conocer el trabajo que llevan a cabo nuestros compatriotas en una de las mecas de la predicción meteorológica. Físicos, ingenieros e informáticos compartieron con nosotros una agradable velada, entre cerveza y cerveza. Un Beer for Science en toda regla.

 

*José Miguel Viñas es miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica y asistió al Viaje de prensa  Copérnico a Inglaterra el 30 y 31 de enero de 2017, gracias a una invitación a través de EUSJA para periodistas europeos. También por la AECC viajaron Mábel Angulo, Sheila González, Carmen Serrano, Mercedes Martín, Enrique Sacristán e Ismael García.  Estas invitaciones a eventos internacionales son una de las ventajas de ser socio de la AECC.

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