Nacidos al calor de un cometa: la revista Astronomía

Como probablemente muchos sabréis –se ha anunciado en esta misma web el pasado 16 de octubre-, la revista Astronomía, que me honro en dirigir, fue la merecedora del Premio Prisma Especial del Jurado de los Museos Científicos Coruñeses en su XXIX edición de este año 2016. La entrega de premios tuvo lugar el pasado 12 de noviembre en el Ayuntamiento de A Coruña, y tuve el honor y el privilegio de pronunciar un discurso de agradecimiento en representación de todas las personas y entidades que recibieron los premios en sus diferentes categorías. Otros dos compañeros de la AECC, Jesús Méndez y Susana Escudero, también fueron galardonados con sendos Prismas en las categorías de mejor artículo periodístico y modalidad de radio, respectivamente.

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Última portada de la revista Astronomía.

Transcribo aquí una adaptación del texto de dicho discurso, pues creo resume tanto la historia de la revista, como la motivación de la divulgación científica por la que todos luchamos.

«Cuando me dijeron desde los Museos Científicos Coruñeses que iba a tener el honor de pronunciar un discurso de agradecimiento por el premio Prisma, mi primer pensamiento fue el de un orgullo colectivo. Orgullo, porque no todos los días se es acreedor de uno de los galardones tan prestigiosos como son los Premios Prismas Casa das Ciencias á Divulgación. Y colectivo, porque hacerlo en representación de los que hemos sido premiados es una distinción que acepto con humildad y profunda gratitud. Por ello, en el nombre de mis compañeros premiados, y en el mío propio, muchas gracias, moitas grazas a los Museos Científicos Coruñeses, al Concello da Coruña y al Jurado. Y es de justicia recordar y valorar públicamente que estos premios, los Prismas, se llevan concediendo desde hace ya casi treinta años con el decidido apoyo de sus instituciones patrocinadoras, que, sin ayuda de ninguna otra administración pública, mantienen un firme compromiso con la divulgación de la ciencia.

He mencionado los cerca de treinta años de edad de los Prismas, que son, curiosamente, casi los mismos que los que la revista Astronomía tiene, pues nacimos en diciembre de 1985. Ese mes salió a la calle el primer número de la revista Tribuna de Astronomía (su denominación original), por lo que en 2016 se cumplen 31 años de publicación ininterrumpida, 372 números hasta noviembre de 2016. Esas tres décadas coinciden, no por casualidad, con un acontecimiento astronómico singular: la visita del cometa Halley en 1985-86, que promovió el nacimiento de la revista, la primera que se puso a la venta en quiosco en España dedicada íntegramente a la divulgación de la astronomía, la astrofísica y las ciencias del espacio. Se quiso aprovechar la excepcionalidad y el tirón mediático del paso del Halley –cosa que ocurre cada 76 años– para apostar por lo que se consideraba un nicho de divulgación científica huérfano; una revista de astronomía.

A pesar de que esta ciencia, la astronomía, goza de popularidad innata, y ello facilita el trabajo a los divulgadores, la tarea de todo comunicador es hacer llegar el mensaje al receptor de la mejor manera posible, no solo en el formato más adecuado a cada situación, sino apelando por igual a la razón y al corazón. Creo que una parte esencial en la transmisión de la pasión por la ciencia es precisamente el componente emocional que posee.

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Jurado, premiados y autoridades en el acto de entrega de los Premios Prismas 2016. (Cortesía Ayto. A Coruña)

La visión de la majestad y grandeza de la bóveda celeste tiene asimismo un importante y trascendental revulsivo para nuestra concepción del mundo. Asomarnos al universo por las noches es uno de los pocos momentos en los que los seres humanos, tan ahogados por las pequeñas cosas de la existencia, podemos ser conscientes de nuestro especial lugar y relación con el Cosmos del que procedemos. Frecuentemente olvidamos que estar vivos y conscientes es un extraordinario regalo efímero en un universo inconmensurablemente vasto en el espacio y en el tiempo, y creo que compartir con otras personas la gratificante experiencia de una noche estrellada nos hace ser más humanos, con todo lo que ello conlleva.

Y es precisamente compartir la astronomía lo que me produce la emoción que me transmite ver cada número de la revista terminado y listo para ir al encuentro de los lectores. Nunca insistiré lo suficiente en que esta es nuestra revista, de todos a los que nos gusta mirar al cielo. El nutrido grupo de amigos y amigas que conforman la gran familia de colaboradores habituales de Astronomía son su corazón y su mente, y ellos son los verdaderos artífices de que, cada mes, fiel a su cita, nuestra revista, vuestra revista, salga a la calle repleta de contenidos. Y modestamente puedo decir que no son muchas las publicaciones periódicas especializadas en divulgación científica que puedan presumir de llevar tanto tiempo al servicio de los lectores como nosotros.

El mayor valor de nuestra revista es contar con un nutrido grupo de colaboradores desinteresados que son el alma de la publicación, un equipo de redactores compuesto por los mejores expertos en cada uno de sus campos. Uno de nuestros objetivos es mostrar los trabajos de la cada vez mayor y mejor comunidad de astrónomos aficionados, y creo que hemos conseguido a lo largo de todos estos años configurarnos como la revista de referencia en castellano para los amantes de la astronomía en España e Iberoamérica.

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Prisma Especial del Jurado 2016.

Astronomía se distingue por publicar, casi exclusivamente, autores españoles o hispanohablantes, tanto aficionados como astrónomos profesionales, y prestamos especial interés a los trabajos desarrollados por la comunidad científica, siendo revista colaboradora de la Sociedad Española de Astronomía y de la Federación de Asociaciones Astronómicas de España. Así, el perfil de nuestra publicación hace especial énfasis en la calidad divulgativa de los contenidos unida a una cuidada edición y presentación. A lo largo de la historia de la revista, las páginas de Astronomía siempre han estado y estarán abiertas a todo el mundo, y ello nos ha convertido en una herramienta única para mantener y potenciar el contacto entre la astronomía profesional y la astronomía amateur, un fructífero punto de encuentro donde ambas comunidades se aportan mutuamente para impulsar el desarrollo de esta ciencia.

La divulgación de la cultura científica nunca ha sido tarea fácil en este país nuestro, y pretender vivir de ello roza casi la insensatez. Pero desde esa última visita del cometa Halley, llevamos ya más de treinta años siendo insensatos, pues estamos enamorados de esta pasión por la astronomía y compartirla. Desde entonces y hasta ahora, mucho han cambiado los modos y maneras de transmitir la información, y esto es especialmente patente en la divulgación científica. Se decía en el Editorial del número 1 de la revista, que los colaboradores habían tenido que «aporrear la máquina de escribir»; hoy, lo hacen en un mundo permanentemente conectado, en el que nos vemos asediados a diario por un tsunami de información, donde los árboles no nos dejan ver el bosque y la inmediatez a menudo prima por encima de la calidad. Nosotros, como todos los creadores de cultura científica, hemos tenido que adaptarnos a los nuevos tiempos, pero seguimos creyendo firmemente que sigue habiendo espacio para el formato de revistas como la nuestra.

George Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, dijo en un discurso en el Congreso, en enero de 1790: Nada puede merecer más nuestro patrocinio que la promoción de la ciencia y la literatura. El conocimiento es en todos los países la base más segura de la felicidad pública. Los Premios Prismas son un excelente ejemplo de esta promoción. Y los que tenemos el honor –y la responsabilidad– de ser merecedores de esta distinción, somos muy conscientes de la importancia de la divulgación de la cultura científica para ayudar a crear una sociedad más libre. Cuando el cometa Halley regrese de nuevo a nuestros cielos, dentro de 45 años, espero que ilumine un mundo más racional y humano.»

Escrito por:

Revista Astronomía

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